Homenaje a Miguel Blesa

Carlos Castañosa

Debe resultar durísimo ser pariente suyo, Don Miguel; o allegado a su entorno social y afectivo donde hallar paños calientes para  tanta fechoría inhumana, con la impunidad que proporciona el exceso de poder al amparo de la corrupción instituida en este pobre país, destrozado por gentes como usted.

No sé en qué piensa  a estas alturas de su vida, jalonada de desmanes y felonías. Será difícil encontrar quien redacte un epitafio amable cuando llegue el día inexorable. Habrá, sin embargo, multitud de voluntarios para escupir sobre la memoria de quien les destrozó la vida, familiares de quienes se quedaron en el camino de su lucha reivindicativa de unos derechos pisoteados por usted, por sus compinches, sicarios y cómplices de la calaña, por ejemplo, del convicto Díaz Ferrán, que se le anticipó unos años en un destino de reclusión, que lo deberá ser de justicia también para usted. O Sánchez Lozano, el esbirro bien pagado que entregó a los piratas ingleses la bandera española de una compañía aérea en una actuación traidora de lesa patria, a cambio de un retiro millonario pactado previamente con usted y con Rodrigo Rato, otro que quizá le siga en el merecido calvario que le queda por sufrir como epílogo de una ostentosa y regalada vida de suntuosidad y riqueza material, que no de principios morales; y con tanto poder que hasta le permitió el alarde de  sustituir el concepto de  desacato por el de inhabilitación del juez que lo metió en la cárcel.

Esto solo es posible en un país tercermundista asolado por la corrupción masiva en todos los estamentos de un supuesto estado de derecho, so pretexto de una democracia ficticia, en cuyo nombre se vulneran los derechos fundamentales del pueblo soberano para beneficio exclusivo de individuos como usted y sus congéneres, a costa de expoliar a una población maltratada con premeditación, ensañamiento y alevosía.

No lo dude, señor Blesa, al final encontrará usted la correspondencia justa a todos sus desmanes. No porque la Justicia sea capaz de hacerlo bien, sino por la ley natural que nunca falla. Pasar por la vida como usted ha hecho: esparciendo desolación, desgracia, indefensión y desespero, determinará que bajo la conjunción de todas las energías negativas, previamente sembradas, se redactará el epitafio antes aludido. Será, no lo dude, título para una historia de depravación y vergüenza para sus sucesores y para un nombre nefasto que permanecerá  indeleble en el  subconsciente colectivo.

Se puede ser ladrón y cobarde por separado. Pero si coinciden ambos conceptos en una sola persona, la náusea está servida. El ladrón cobarde, cuando lo pillan, escurre el bulto culpando a los directores de las sucursales, a las víctimas que sabían de sobra cómo les estaban robando, o el “yo no estaba allí” cuando sucedieron los hechos.

Hay que seguir confiando en la Justicia, a pesar de las limitaciones de quienes la imparten. En tal sentido, desde este foro se vaticinó con dos años de antelación el encarcelamiento de Díaz Ferrán, el entonces poderosísimo presidente de la CEOE. No por iluminaciones esotéricas de barajeros ni pitonisos, sino con el apoyo del uso de razón, del sentido común y de la lógica que siempre termina por imponer su buen criterio.

El mismo camino está marcado para usted, señor Blesa. Veremos luego qué sucede con su colega, el señor Rato. Como deseo personal, el que tampoco  debe escapar de rositas es Sánchez Lozano.

Entre los intersticios de la corrupción puede colarse algún rayo luminoso de esperanza.

 

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.