Henri Lothe, cosmonautas en la garganta del desierto

Cosmonauta de Tassili“Hemos encontrado un mundo muerto, irreal, diferente a todo cuan jamás hubiésemos imaginado” ,

anotaba el explorador en uno de sus diarios tras adentrarse en lo más profundo del Sáhara, al sur de Argelia.

Corría el año 1956 y, después de varias tentativas, el aventurero etnólogo Henri Lothe conseguía financiación del Gobierno francés para organizar una expedición al Tassili-n-Az- yer, que en la lengua de los tuaregs significa “la meseta entre los dos ríos”. Dos ríos que bien podrían ser el Infierno y el Paraíso, como se comenta en las historias populares del lugar. Ya desde la I Guerra Mundial oficiales de la Legión Extranjera habían llevado hasta Europa su fascinación por un enclave en mitad del desierto repleto de extrañas pinturas. Pero oficialmente las pinturas no serían descubiertas hasta 1934 por el teniente francés Brenans, que en tiempos de la ocupación gala de Argelia había realizado numerosas expediciones en el país en busca de agua. Durante un tiempo, Brenans estableció allí su campamento e intentó clasificar todas las pinturas, pero harían falta otras dos décadas para que dieran comienzo los verdaderos trabajos de investigación.

Lothe era un aventurero. A pesar de haber quedado huérfano a los 14 años, de una carrera truncada como aviador, de viajes imposibles por el desierto y de más de diez años tumbado boca arriba en una cama debido a una lesión durante la II Guerra Mundial, Lothe se las había ingeniado siempre para lograr sus propósitos. Y sus propósitos en aquel momento en el que la experiencia y el estudio lo habían consagrado como a un importante etnólogo, era llegar hasta aquel lugar descrito por el teniente Brenans y analizar con detenimiento aquellas extrañas pinturas.

Con una treintena de camellos y un equipo de apenas diez especialistas –jóvenes veinteañeros interesados por el mundo del Arte y la Historia- Lothe se adentró en el desierto, consciente de las agotadoras jornadas de camino que le esperaban a él y a su equipo hasta llegar a lo alto de la meseta de Tassili, un auténtico “calvario”, en palabras del propio Lothe, que día tras día veía cómo los animales tropezaban y caían, sangraban por las patas y, a pesar de ser ayudados por los miembros de la expedición, parecía que jamás alcanzarían la meta.

Tras muchas jornadas de camino, Lothe llegaba a su destino: un cruce de desfiladeros angostos y resbaladizos, “Quien allí se aventura cree hallarse en una ciudad de pesadilla”. Sin embargo, tras acceder a las cuevas en las que se encontraban las pinturas descritas por Brenans, Lote creyó haber llegado al Paraíso: “Cuando nos encontramos entre las cúpulas de areniscas que se parecen a las aldeas negras de chozas redondas – dice Lhote– no pudimos reprimir un gesto de admiración. El conjunto constituye una verdadera ciudad, con sus callejas, sus encrucijadas, sus plazas; y todas las paredes están cubiertas con pinturas de los más diversos estilos, aunque sobresalen los “dioses de cabeza redonda”.Tassili

Durante los siguientes dieciséis meses, Henri Lothe y sus ayudantes –los pintores Claude Guichard, George Le Poitevian; el estudiante de Artes Aplicadas Jaques Vilet; la diplomada en lengua beréber Irene Montandon y el fotógrafo y cineasta Phillippe Letellier- trabajaron intensamente en el estudio de aquellas pinturas, “frescos de gran tamaño pintados en los tiempos prehistóricos, entre los 7.500 y 8.000 años antes de Cristo”, que escondían una particularidad: muchas de ellas representaban a una especie de humanoides junto a los cazadores de la época que incluso Lothe describió como el tipo de imagen que solemos tener de seres de otro planeta.

Aquella expedición tuvo una repercusión mundial: se trataba de frescos prehistóricos únicos de una cultura que apenas había dejado más que aquellas extrañas representaciones, con dimensiones inimaginables para aquella época.

Todavía hoy se especula mucho sobre las investigaciones de Lothe y sobre aquella expedición que para la comunidad científica supuso “el descubrimiento de la Capilla Sextina de la Prehistoria”. Pero lo cierto es que después de medio siglo aún no se tiene una opinión consensuada acerca del origen y el significado de estas representaciones comúnmente conocidas como “Los cosmonautas de Tassili”.

 

 

 

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.