Hans Christian Andersen, el triunfo de la bondad

Hans Christian Andersen“Jamás soñé que podría haber tanta felicidad, allá en los tiempos en que sólo era un patito feo” El Patito Feo

Sus orígenes humildes no le impidieron desarrollar una brillante carrera como escritor con una obra prolífica que incluye relatos autobiográficos, de viajes, obras de teatro y, cómo no, más de 160 cuentos que han sido traducidos a un centenar de idiomas.

Hijo de un zapatero y de una lavandera, Hans Christian Andersen nace en Odense -Dinamarca- el 2 de abril de 1805. Su extraño aspecto físico y su comportamiento un tanto afeminado lo convirtieron en objeto de burla de sus compañeros durante toda la infancia, una época que se complicó aún más tras la prematura muerte de su padre, cuando Andersen apenas había cumplido los once años. Andersen dejó de acudir a la escuela, pero procuró hacerse con todas las lecturas posibles para continuar alimentando su imaginación desde casa.

Unos años después intentaría iniciar su carrera artística como cantante, bailarín y actor y durante una época fue tutelado por el director del Teatro Nacional de Dinamarca, Jonas Collin. Fueron años muy difíciles para el joven escritor, que sentía un profundo rechazo hacia los estudios a pesar de que, gracias a la insistencia de Collin, adquirió importantes conocimientos de cultura general que le servirían para su crecimiento como escritor.

Abandonadas aquellas primeras intenciones profesionales, Andersen se centrará en su futuro como escritor, recogiendo y transformando las leyendas tradicionales de su país o imaginando historias a partir de sus experiencias más cercanas. Por ejemplo, el cuento de La cerillera estaba inspirado en su madre y el de El patito feo tenía algunos tintes autobiográficos.

Andersen empezaba a destacar como escritor, y eso que ni sus amigos más íntimos esperaban nada verdaderamente significativo de aquella persona de carácter un tanto excéntrico y fuera de lo común para la época. Tal vez el hecho de no sentirse identificado con su entorno fue lo que motivó al joven escritor a convertirse en un viajero insaciable, hasta el punto de declarar que “viajar es vivir”. De sus viajes sacó la inspiración para nuevas obras, relatos autobiográficos de sus aventuras, novelas e incluso el texto para una ópera. También en estos viajes se enamoró y desenamoró de numerosos hombres y mujeres, si bien la vida sexual de Andersen fue bastante tormentosa y finalmente manifiesta su intención de no volver a mantener relaciones nunca más, aunque durante muchos años vivió con el bailarín danés Harald Scharff, que finalmente terminaría casado con una mujer.

Para entonces, Hans Christian Andersen se sentía un hombre viejo y sin demasiados ánimos de continuar con sus aventuras, si bien mantuvo su producción literaria hasta 1872. En ese año sufrió una caída de su cama que le produjo heridas de las que nunca llegaría a recuperarse. Tres años más tarde, el 4 de agosto de 1875, fallecía como consecuencia de un cáncer de hígado, tras haber alcanzado la fama internacional como uno de los mejores escritores de lengua danesa. Incluso el rey de Dinamarca asistió a su funeral.

 

 

 

 

 

 

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