Graham Greene, el escritor espía

Graham GreeneCon tal sólo 17 años, Graham Greene tuvo que someterse a una terapia de psicoanálisis que duró seis meses. Su carácter melancólico y retraído de entonces poco tendría que ver con el del periodista, escritor y espía en el que terminaría convirtiéndose.

Se han escrito muchas biografías acerca de Graham Greene. Y es que este británico -sobrino nieto de Robert Louis Stevenson- tuvo una vida tan apasionante como ‘misteriosa’, ya que durante muchos años trabajó como miembro del Servicio de Inteligencia Británico.

No puede decirse que Greene disfrutara mucho de su infancia. Sufrió constantes problemas emocionales y mentales provocados en parte por el acoso constante de sus compañeros de clase en el Berkhamsted School, institución educativa en la que estuvo internado hasta que a la edad de 17 años y tras varios intentos de suicidio, sus padres decidieron enviarlo a Londres para que fuera sometido a un terapia de psicoanálisis que duró seis meses.

Después de es este paréntesis, el carácter de Greene había evolucionado muy positivamente, por lo que el joven se planteó nuevos retos en su vida. El principal de ellos, convertirse en escritor.

Su primera publicación -un libro de poemas-, no tuvo demasiado éxito, pero no se rindió ahí. Y es que por entonces su mejor arma no era tal vez la escritura, pero sí su curiosidad por conocer el mundo y lo que en él estaba sucediendo.

No es de extrañar que durante seis semanas decidiera asistir a la Fiesta del Comunismo, una corriente política por la que sintió cierta simpatía durante la primera mitad de su vida, aunque su pensamiento político fue evolucionando conforme pasaban los años y la política internacional adoptaba nuevos tintes.

Compaginó la vocación literaria con la periodística y durante muchos años trabajó como freelance en varios medios de comunicación británico, lo que le permitía dedicar más tiempo a sus novelas. Logró pulir su estilo y encontró la fórmula perfecta para que sus escritos -que abordaban temas de interés y de actualidad- pudieran ser accesibles para todos los lectores, aunque ni sus obras ni sus artículos periodísticos estuvieron exentos de polémica de un marcado acento católico -Greene fue un profundo defensor de la fe cristiana hasta sus últimos días-.

Pero es poco antes de que estalle la II Guerra Mundial cuando se abre una tercer vía en las ocupaciones profesionales de Greene: su colaboración con el Servicio de Inteligencia Británico. Pasó muchos años en África enviando información al Gobierno de Gran Bretaña y colaboró activamente con el MI6. Estas actividades explicarían su amplio conocimiento del ambiente de espionaje que Greene sería capaz de plasmar posteriormente en novelas como El tercer hombre o El americano impasible -ambas llevadas al cine-.

Sin embargo, a finales de la década de los 60, y tras haber consolidado su carrera como escritor, Graham Greene abandonaría Reino Unido y no regresaría a su país natal salvo en contadas ocasiones. Se dice que se mudó a Antibes -Francia- para vivir una nueva relación sentimental al lado de Yvonne Cloetta, después de haber estado casado con Vivien Dayrell-Broening -con la que tuvo dos hijos- y haber mantenido otra relación con Catherine Walston. Pero muchos biógrafos del autor consideran que en esta decisión tuvo algo que ver con el abandono de su carrera como espía, producto de la supuesta traición de uno de sus superiores, que presuntamente habría estado trabajando para la KGB rusa como agente doble.

Pasó los últimos años de su vida en Suiza, junto al Lago Lemán, apartado de estos temas que, sin embargo, le tenían obsesionado. Y allí falleció en 1991 a los 86 años de edad, dejando muchos cabos sueltos en lo que a su biografía se refiere.

 

 

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