Gente anónima o casi

El nombre de Jesús Manzano o José Luis Peñas no suenan de nada.

Ni siquiera ellos se conocen. Si nos cruzáramos con uno, pasaríamos de largo: gente corriente paseando entre gente corriente. Pero es difícil entender lo que ocurre en este país si no nos suenan esos nombres, o, en caso de que algo sepamos, los continuamos ignorando. Porque el veneno de la crisis está más extendido de lo que suponemos.

Esta semana Jesús Manzano y José Luis Peñas volvieron a ocupar la portada de los diarios, a dar nuevamente un testimonio que, en su época, sirvió para denunciar a equipos deportivos y a políticos y empresarios, y como consecuencia hundió sus respectivas carreras. Porque fue su palabra la que permitió que la trama del dopaje en el ciclismo y la Gürtel salieran a la luz, y fue también su palabra la que les condenó, vigilados de cerca por la mano aplastante de quienes habían sido objetos de sus denuncias. Jesús Manzano y José Luis Peña fueron capaces, a su manera – cada uno de nosotros puede creerlo o no-, de enfrentarse a su Goliat particular, aun sabiendo que eso significaría el fin.

“El tiempo coloca a cada uno en su lugar”, dice el dicho popular, y tal vez sirva esta vez como punto y final de su historia. En su cabeza debe quedarles la sonrisa la revancha. Jesús Manzano y José Luis Peñas… No dejemos que los engulla el anonimato, ni que nos sepulten otras noticias menos reconfortantes.

 

Octavio Pineda

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