Ga’ hoole

Ga´hooleMe da la sensación de que las mejores cosas ocurren por casualidad, de forma inesperada, sin planificarlo. Un domingo mi mujer y yo nos metemos a ver Ga’hoole en 3D con mi hijo habiéndolo pensado diez minutos antes, sin planificación familiar anticipada. Y vimos una película maravillosa.

La película, dirigida por Zack Snyder, el que dirigió 300, es una apuesta, como en aquella, por el cine en el sentido puro del término, es decir, es una de esas historias cuyo formato final sólo podía ser la pantalla grande. Mil veces más efectiva en esto de las tres dimensiones que Avatar, en mi humilde opinión, pues si bien es una película claramente concebida para proyectarse en este formato, lo aprovecha de una manera orgánica, sin que se nos impongan imágenes cuyo sentido en dos dimensiones habría sido igualmente aceptado incluso diría más legitimado, cosa que ocurre en la mayoría de las películas estereoscópicas. Hecha de una manera orgánica permite que la disfrutemos de una manera orgánica también.

Sé que va a sonar un poco raro pero hay dos secuencias de la película que me recuerdan la primera secuencia de Anticristo, de Lars Von Trier. Que nadie se alarme, pueden llevar tranquilamente a sus hijos a verla. Mi asociación se refiere a un modo de concebir el cine usando todos los elementos de que éste dispone para conseguir despertar las emociones. Ya saben, la música, el montaje, la fotografía. Eso que hacen tan increíblemente bien en Hollywood. Eso que es tan anti-dogma. Eso que es tan aparentemente fácil. Para los que digan que lo es, sólo tengo una cosa que decirles: Hazlo tú.

Pues bien, hay dos secuencias en la película que me pusieron los pelos de punta y no creo que fuera sólo por la buena utilización de los medios pues normalmente suelo ser bastante frío con estas secuencias muchas veces manipuladoras de mis emociones y a mí no me gusta que me manipulen lo intangible. Lo tangible sí pero eso es otra cuestión. En este caso, digo, creo que había algo más. La conexión con cierta emoción profunda, la creación de un universo visual verdaderamente poderoso, una especie de épica repleta de autenticidad.

A pesar de ser una historia obviamente comercial no hace prácticamente ninguna concesión al facilismo, es una película difícil a ratos, muy inquietante y oscura. Si yo fuera Tim Burton me habría gustado rodarla. Uno espera que llegue la comedia, el personaje graciosillo propio de estos universos animados, pero ésta si bien está presente, tarda en llegar. Aparece cuando menos te lo esperas y dura lo que tiene que durar. Aunque parezca un poco tirado de los pelos, me parece que eso es una suerte de meta-cine, una reflexión de lo que cabe y lo que no cabe dentro del saco que es el guion. Guion sin tilde, cosas de los tiempos…

Alberto García

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