Fulanito no está contento en su empresa

Fulanito no está contento en su empresa. Se queja de que cobra poco.

Es verdad que Fulanito nunca destacó por el amor al trabajo. Yo, que conozca a Fulanito desde hace tiempo, estoy en condiciones de asegurar que Fulanito nunca pegó un palo al agua. Aún así Fulanito cree que tiene derecho a cobrar más de lo que el empresario le “regala”. Porque es eso lo que hace el empresario con él, regalarle un dinero que no merece.

Siempre me extrañó que  a Fulanito no lo largaran con viento fresco de la empresa para la que trabaja. Pero Fulanito tiene una cualidad. Es un gran defensor de los derechos de los trabajadores (porque él cree que se encuentra entre ellos) y tiene una labia sorprendente. Sabe de todo, despotrica de todos, critica con saña a financieros, empresarios y, en general, a los que tienen el capital. Naturalmente, la defensa de los menos pudientes sólo lo grita en el bar, porque, como es una persona muy ocupada no tiene tiempo más que para sí mismo.

Fulanito, sin embargo, se transforma cuando está en las reuniones de su comunidad de vecinos. Parece otra persona. Es lógico, ya que debe pensar  en el bolsillo de sus congéneres y en el suyo propio, bonito fuera, y se transmuta en el no va más de la intransigencia con los más débiles, a los que en el fondo Fulanito, considera inferiores. Se trata de las limpiadoras y del portero de su edificio, que, además de serviciales y eficientes como no hay otros, pretende, el buen señor, que se les baje el sueldo de miseria que tienen porque según Fulanito ganan mucho para lo que hacen.

Seguro que en su azarosa vida ha encontrado a muchos de estos Fulanitos poseídos de si mismos que acusan a todo bicho viviente de ser los responsables de lo abollado que está el mundo, de lo mal que lo hacen los demás; que no se  comprometen con nada, pero se acogen a los beneficios obtenidos por los otros; que no salen a la calle a manifestarse porque eso es de palurdos, pero esperan cómodamente sentados a que otros sean los que se mojen y les resuelvan la papeleta; que se abstienen de todo, pero te miran por encima del hombro y te dan lecciones de justicia y moral. Hipócritas indiferentes que nunca se meten en líos.

Fulanitos que únicamente son felices si se les da la razón en todo; que son más patriotas que nadie, pero a la hora de la verdad  te dejan con el culo al aire; que creen que la culpa es siempre de los demás; que te meten en problemas, pero no te sacan de ellos; que están por el progreso, pero el suyo; que tienen muy claro que la libertad de expresión es juzgar, enjuiciar y opinar lo que quieran de los demás, pero los otros de ellos, no. Faltaría más.

Fulanitos  que no quieren reconocer que su hijo pudiera no ser el más listo de la clase y por eso ponen a caldo a la profesora del niño de sus entretelas; que siempre sospechan  que  hay algo detrás del que hace el bien de forma altruista, que son mezquinos con los que despuntan y envidiosos con los que triunfan, que te aplauden cuando eres señor y desprecian cuando no eres nadie; que treparon para acceder a puestos de dirección en detrimento de los capacitados.

Fulanitos que acceden a un cargo público y se creen dioses; que le chiflan los sucios halagos y las coronas de laureles; que, desde sus confortables sillones, se consideran por encima del bien y del mal; que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad; que se alegran cuando ensucian la imagen del rival, aún sabiendo que las acusaciones son falsas y fabricadas ex profeso para desacreditarlo; que han hecho de la estupidez su manera de vivir; que enseñan la nómina para que los ilusos crean que lo que se refleja en ella es la única entrada que tienen, pero, cobarde y cínicamente, silencian los gastos de representación, de gasolina y  chófer del coche oficial, las dietas de viajes y de  asistencia a comisiones, y multitud de  prebendas que procuran ocultar a los ojos de los administrados; que creen que servir al pueblo es hacer lo que les venga en gana; que emplean el dinero público para adormecer conciencias; que para seguir viviendo del cuento son capaces de vender a su madre.

Fulanitos  que se afanan en convencernos de que no hay alternativas a nuestros males mientras ellos están en la más completa opulencia viviendo de lo nuestro; que, en organismos oficiales,  disponen de seguro médico privado a costa de los ciudadanos y tienen el descaro de hacer que los pensionistas y jubilados vuelvan a pagar las medicinas que durante su vida laboral ya  hicieron con el sudor de sus frentes; que se prestan a que, alegre e impunemente, se gane dinero en este macabro juego que se traen con la sanidad y la salud de los ciudadanos. Que fomentan el odio para hacer  negocio.

Fulanitos que te piden un esfuerzo más, pero que se  quedan tan panchos cuando faltan a la palabra dada porque, dentro de su analfabetismo, creen que, en los tiempos que corren, es lo que se lleva.

Fulanitos y Fulanitas que están a vuelta de todo y, aunque el planeta se vaya al traste,  votan y siempre votarán (sin conciencia ni pudor) al inepto de siempre, simplemente  porque  son de los suyos.

Fulanitos que entierran la cabeza en la arena, pero  olvidan que el  trasero quedó al descubierto.

Fulanitos…, (puede seguir ampliando la lista).

 

 

 

Luis Pérez Aguado

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