Fuegos artificiales en las Islas y en el ‘Viera y Clavijo’

Carlos Castañosa

ARTIFICIAL: Para contraponerlo a “natural”, se aplica a lo que está hecho por el hombre. (Definición DRAE).

Estamos asistiendo a la demostración de que el ser humano es una enfermedad infecciosa en  la piel de la tierra. Los desastres naturales son un mecanismo de defensa para proteger a la naturaleza de la invasión del ser humano como agente contaminante y perturbador de la salud de un organismo vivo.

Los fenómenos naturales, aparentemente adversos, están encaminados a la supervivencia de un planeta que ha tenido la mala suerte de sufrir la irrupción humana. A veces, demasiadas veces, las personas que se hallan en el lugar infectado, sufren el daño directo y aparecen como víctimas, al igual que nuestros gérmenes patógenos son destruidos por los antibióticos. No es voluntad directa la de matar bichitos, sino  intentar defender la salud.

La injustificable salvajada de provocar un incendio que, por negligencia o con intención, arrasa miles de hectáreas en pocos días, pone de manifiesto la condición perniciosa de unos seres supuestamente racionales que, en realidad, solo son un virus injertado en una sociedad absurda que les permite la impunidad de su actitud enloquecida. Apenas se les sancionará con una regañina.

Peor es que ante situaciones críticas como los incendios masivos que hoy asolan nuestro archipiélago, junto a actos heroicos y actuaciones ejemplares, aparecen la negligencia, pasividad e incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de la prevención y de erradicar el primer indicio de cualquier fogata con los medios técnicos y humanos  adecuados a evitar un desastre “artificial”.  Una vez producido sin remedio, mientras el fuego devora bosques, sentimientos y seres vivos, surgen reproches, culpas y mentiras para eludirlas.

Una vez consumidas las brasas y calcinada la tierra, se intensificarán las declaraciones institucionales para justificar negligencias y penurias oficiales.

El “Viera y Clavijo” sigue siendo un símbolo de la incapacidad e irresponsabilidad de las autoridades supuestamente comprometidas con los intereses de la población  a  la que representan. Falsa apreciación, porque su actuación y/o dejación de funciones evidencian que solo les interesa el cargo que detentan y los beneficios que  les reporta.

Según testimonio de los vecinos del parque, el pasado domingo se produjeron tres conatos de incendio en el recinto del antiguo teatro Pérez Minik. No es extraño el percance por las circunstancias que, ante la pasividad institucional, confluyen en dicho habitáculo. La instalación masiva de okupas, acumulación de basuras, reyertas habituales entre los moradores y las condiciones meteorológicas, provocan una situación de muy alto riesgo, no ya por el destrozo material y cultural que se produciría  con un incendio, sino por el altísimo coste en vidas humanas que podría afectar, no ya al vecindario anejo a la precariedad de unas instalaciones marginales, sino en mayor grado al grupo que habita el interior, tan lamentablemente desfavorecido ante la pasividad de Asuntos Sociales.

El nivel del destrozo sufrido por el  parque y su contenido en Bienes de Interés Cultural, a lo largo de los últimos cinco años, no puede ser consecuencia de la intemperie y un simple abandono pasivo. El aspecto actual y el sentido común dictan que se trata de una operación intencionada.

La sospecha de que la premeditación de un incendio intempestivo que arrasara estas instalaciones, solucionaría varios quebraderos de cabeza a los ineptos gestores que no son capaces de sacarlo adelante, tiene la perversidad de que, aquí, además, se estaría jugando con vidas humanas.

Una cosa son los intereses políticos, y otra, incuestionable, está en los valores morales de una sociedad que, por dignidad, no puede permitirse estar manejada por la mediocridad de personajes tan “artificiales” como  voladores de romería.

 

 

Carlos Castañosa

http://elrincondelbonzo.blogspot.com/

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