Final de trayecto

Orient Express

Decían que lo más sorprendente de todo era el sonido que hacía al deslizarse sobre las vías mientras atravesaba los paisajes cambiantes del corazón de Europa. Y es que seguramente, viajar en aquel tren que no era sólo un medio de transporte sino todo un acontecimiento político, económico y social, era algo más que desplazarse en el espacio.

Siempre tuve la ilusión de realizar ese viaje. Esa ilusión caramelizada de las cosas inalcanzables. Y es que la ruta más larga -ocho días desde Londres hasta Estambul- tenía un coste de unos 7.000 €. No eran precisamente las vacaciones a las que estoy acostumbrado. No eran ni siquiera unas vacaciones. Era un sueño, una meta. Y supongo que muchos despertarán de golpe al conocer la noticia de que el mítico Orient Express llega a su última estación.

Los nuevos tiempos han desbancado a uno de esos medios de transporte que han crecido en encanto y misticismo gracias a la literatura. Agatha Christie, Graham Greene, Ian Fleming… Fueron muchos los escritores que se inspiraron en la elegante silueta de este tren, en su recorrido por el continente, desde las ciudades cosmopolitas del oeste hacia los misterios de oriente.

Pero ya no es rentable. El Orient Express se queda sin viajeros. Y me pregunto si es sólo por una cuestión económica o porque tristemente hemos ido perdiendo esa capacidad de soñar. Dudo mucho que los que se podían permitir un viaje de esas características hayan optado ahora por la opción de los vuelos de bajo coste o por los paquetes de vacaciones organizadas a precio de dos por uno. Parece haber sido más un cambio de actitud en un mundo en el que ya no hay espacio para las cosas que no persiguen un objetivo y que sólo se hacen por el placer de hacerlas.

Ahora el viajero quiere ganar tiempo. Tiempo para llegar antes a su destino, para seguir corriendo, pisoteando los mapas, marcando cruces con el único propósito de “haber estado”. Nos precipitamos hacia el final del trayecto, y se nos olvida que entre el origen y el destino sigue habiendo un mundo por descubrir.

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Vagabundo Pérez

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