‘Fin’

FinEn estos días apocalípticos…

No me gusta ponerme cascarrabias con directores que se estrenan en el mundo del cine, así que seré benévola con Jorge TorregosaTierra de lobos, La señora– en su primera incursión en la gran pantalla: Fin.

Con esta película sucede lo que suele pasar cuando entras al cine con demasiadas expectativas generadas, en su mayoría, por un trailer que despierta la curiosidad y un argumento que, aunque esté un poco trillado, siempre llama la atención: el fin de mundo. En estos días apocalípticos en los que quienes nos gobiernan son seguramente la peor profecía que nos podría caer encima, me apetecía ver una de esas historias que nos preparan para la hecatombe final.

Lo mejor de Fin es que no es una película sobre desastres naturales, guerras nucleares o invasiones extraterrestres. Pero también eso es lo peor, porque nos quedamos con las ganas de saber qué es lo que está sucediendo. Reconozco que soy una de esas personas que, por lo general, va al cine buscando respuestas definitivas. Una de esas personas que sigue buscando en Google cosas como “¿cómo encontrar trabajo?” o “¿cuál es el lugar más bonito del mundo para vivir?”, por no hablar de las consultas médicas sobre síntomas de enfermedades. Reconozco que soy una hipocondríaca también en el plano emocional y por eso tengo ese afán de consumir sentimientos ajenos sobre experiencias hipotéticas: una de ellas, el fin de nuestros días.

Fin arranca con fuerza, con la suficiente fuerza como para engancharte, aunque sea durante la primera mitad de la película, en la que todo es extraño, confuso y sorprendente. Pero pronto lo genuino de la película se convierte en una sucesión monótona que no responde a ninguna lógica porque no nos aporta las herramientas necesarias para deducir cuáles son las reglas del juego.

Un grupo de amigos se reencuentra después de varias décadas en una casa de campo en mitad de la nada. Lo que promete ser una reunión inolvidable se convierte en una repentina lucha por la existencia contra un enemigo desconocido cuyo poder es el de hacernos desaparecer.

Torregosa convierte al ser humano en lo que realmente es en el Universo: un punto diminuto en un instante impreciso entre el ser y el no ser. Algunos incluso ni alcanzan la capacidad de existir antes de perderse en la nada. Otros se resisten a la pérdida y continúan siendo porque otros se aferran a la imagen, tal vez desaparecida, de algo que existió.

Fin experimenta con algunas de estas incógnitas existenciales y construye metáforas sobre las que sustentar estos planteamientos. Pero los personajes son demasiado planos para una reflexión que les queda tan grande como las mangas de los jerseys de Enrique Iglesias.

Buen resultado para una primera película porque nos deja la sensación de que Torregosa tenía una historia que contar y eso, en estos días apocalípticos, ya es decir.

 

Celina Ranz Santana

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.