Fatal experimento

Fatal experimentoDesde luego, no fueron el uso de razón ni el sentido común los componentes intelectuales que dirigieron la nefasta idea de un Estado de Autonomías.

Una numerosa familia instalada en su gran mansión. La vivienda se dividió en apartamentos individuales para suavizar trifulcas y, de paso, que cada miembro disfrutara de una cómoda intimidad y ejerciera el derecho a su albedrío.

Un reglamento de convivencia no logró erradicar las rencillas entre padres, hermanos, cuñadas, primos, suegras, parejas de hecho, viudas, familias monoparentales, perros y gatos que, aunque aislados cada uno en su cubículo, los eventuales encuentros en la escalera solían desencadenar broncas más intensas que las de antes; pues la vocación de ir cada cual a lo suyo se incrementó por las respectivas soledades y la frustración de que aquello no era lo esperado. Cualquier indicio de la solidaridad anterior desapareció por ensalmo, con grave deterioro para los vínculos afectivos.

Gran desastre económico fue la obra de remodelación. Tabiques y puertas de diseño, aseos individuales (donde cada uno depositase sus intimidades sin tener que compartir ruidos ni efluvios con los parientes más o menos cercanos). Nuevas instalaciones y contadores de fontanería, electricidad y conductos de gas por otras tantas habitaciones. Profusión de muebles, enseres y electrodomésticos a gusto de cada cual. Despilfarro sistemático para ruina paulatina e irreversible del edificio… por falta de fondos para mantenimiento.

El símil inmobiliario se completa con la doble realidad de la ineficacia operativa de una burocracia excesiva, inútil y enfermiza; y el escandaloso número de políticos en poltronas que consumen un gasto público infamante.

¿Alguna esperanza a la vista?

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.