Ernesto Sábato, la Ciencia de la palabra

Ernesto Sábato“La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, ya hay que morirse”

Cuando apenas faltaban 55 días para que cumpliera un siglo de vida, el escritor argentino fallece en su domicilio de Santos Lugares, pasando a la historia como todo un emblema del progreso democrático de su país.

Ernesto Sábato sólo escribió tres novelas, pero su pensamiento y su concepto de la vida y de la condición humana se complementan con un extenso listado de ensayos que abarcan desde la crítica literaria hasta la ideología marxista. Y es que Sábato es un claro ejemplo de que la palabra, bien utilizada, es el arma más potente del ser humano en su conquista de la libertad.

Hijo de inmigrantes italianos, Sábato fue el décimo de once hermanos. Se educó en los círculos marxistas de la época, llegando a ser Secretario General de la Federación Juvenil Comunista. Para entonces ya estudiaba Ciencias Físico-Matemáticas en la Universidad, a pesar de que mucho tiempo antes ya había descubierto su interés por la Literatura.

Durante muchos años estuvo buscando una ideología política en la que sentirse cómodo y tanteó las múltiples vertientes del comunismo, e incluso viajó por Rusia como representante del partido, aprovechando la ocasión para recorrer algunas ciudades europeas, poco antes de que estallara la II Guerra Mundial y regresara a Argentina.

Pero Sábato ya había conocido las corrientes artísticas de Europa, tales como el Surrealismo, con el que estableció un contacto íntimo durante su etapa en París. Sin duda, todo esto favoreció a que, a pesar de dedicarse a la carrera científica, no tardara en redirigir sus pasos hacia la pintura y la literatura. Sábato atravesaba entonces una de sus primeras crisis existenciales acerca de la condición del ser humano y sus aspiraciones personales.

El Existencialismo se enraizó en sus escritos y partiendo de esta corriente filosófica, Sábato indagó en los ‘grandes temas’, tales como justicia y libertad. Desde la novela y el ensayo, Sábato dejó bien claro cuáles iban a ser sus implicaciones políticas y sociales con su Argentina natal, pero sus ideales no tardaron en propagarse más allá de las fronteras, convirtiéndose en un personaje emblemático dentro y fuera del país.

Con su muerte, después de varios años de reclusión en su casa y víctima no tanto de los achaques de la edad como del cansancio de una búsqueda interminable de lo humano, Ernesto Sábato falleció el 30 de abril, dejándonos con la duda de si ya estaba aprendiendo el oficio de vivir o de si es cierto que “La razón no sirve para la existencia”.

 

 

 

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