Ernest Hemingway. El escritor insatisfecho

Ernest Hemingway‘No hagas lo que sinceramente no quieres hacer. Nunca confundas movimiento con acción’

Se cumplen 54 años de la muerte del escritor estadounidense Ernest Hemingway, quien el 2 de julio de 1961 decidió poner fin a su vida con un disparo en la cabeza. Durante algún tiempo se intentó mantener la versión de que aquella herida mortal había sido producto de un accidente, pero su esposa, Mary Hemingway, acabó reconociendo que se había tratado de un suicidio, de la misma manera que el padre del escritor había acabado con su vida cuando éste tenía 29 años.

La disconformidad y la tristeza -causa o efecto de algunas patologías mentales- parecen ser la maldición que acompaña a la familia Hemingway, en la que siete de sus miembros -incluyendo a Ernest, su hemano Leicester y su nieta Margaux- han fallecido de esta manera.

Pero antes de que Ernest Hemingway cayera en desgracia debido a las depresiones y enfermedades que deteriorarían notablemente su salud física y mental, el escritor vivió intensamente haciendo lo que mejor sabía hacer: narrar el mundo, ficticio o real, que recorrió con ansia hasta que se le acabaron las fuerzas. Fue en ese momento, cuando ya no podía vivir como quería vivir, cuando decidió que había llegado la hora de la despedida.

Hemingway fue testigo de dos guerras mundiales y de las revoluciones más importantes del siglo pasado. Vivió en el París más bohemio, conoció las miserias de la Guerra Civil española y se convirtió en la voz más internacional de los Sanfermines. Recorrió el mundo para llegar a todos los rincones y vivir todas las experiencias que caben en una vida. Pero en algún punto del recorrido se le agotó la ilusión y ya sólo fue capaz de sentir curiosidad por una cosa: la muerte.

Ernest Hemingway se suicidó a los 61 años, cuando ya no tenía más que contar. Pero dejó tras de sí las huellas imborrables de una vida que se convertiría en el referente de muchas generaciones posteriores y que, a pesar de la muerte del escritor, todavía está latente en obras emblemáticas como El viejo y el mar o Por quién doblan las campanas. Porque el secreto mejor guardado de la muerte de Hemingway es que de algún modo tenía la certeza de que viviría para siempre.

 

 

El Ilustrador

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