Eramus europeos

J. Rojo

Nueva embestida de la tijera asesina. Esta semana le ha tocado el turno al programa de intercambio de estudiantes entre universidades europeas Erasmus, que ha visto reducido su presupuesto en un 60%.

Sí, ese que lleva más de 30 años enriqueciendo culturalmente a estudiantes de diferentes puntos de Europa, abriendo mentes, borrando clichés sobre países vecinos y no tan vecinos y, sobre todo, haciendo que nos olvidemos de patriotismos innecesarios y que ha hecho que muchos de nosotros dejemos de pensar que las fronteras de nuestros propios países son infranqueables. Todo esto ha pasado a ser una mera cuestión de rentabilidad económica. De un plumazo. Y se quedan tan tranquilos. Simplemente, financiar el programa Erasmus, al igual que otras muchas otras cuestiones educativas, ya no compensa, es deficitario, no da dinero. Y claro, como la dictadura de la moda impone ser austero,  nuestro maravilloso gobierno ha decidido dejar de gastar en cosillas insignificantes, ya saben, erasmus, universidades, I+D, e invertir en cosas mucho más importantes que probablemente pasarán a los anales de la historia, tales  como el proceso de españolización de los estudiantes catalanes propuesto por nuestro elocuente ministro Wert.

No sé, a ver si con tanta aberración al sistema educativo conseguimos que Erasmo levante la cabeza y reparta un poco de cordura entre esos que se hacen llamar dirigentes políticos. A priori, desde la posición del ciudadano de a pie que ha sido estudiante universitario y erasmus, no se entiende que quieran que las innumerables ventajas de participar en este programa de intercambio se queden solo al alcance de los pocos que puedan permitírselo. Y se entiende todavía menos si tenemos en cuenta que al parecer nuestra propia existencia y la de España como país dependen de esa Europa que acaba de recibir el Nobel de la Paz, justamente por derribar esas barreras que ya creíamos pasadas y que algunos se empeñan en volver a levantar. Desde aquí solo podemos desear una cosa: larga vida al albergue español y a lo que representa.

 

 

 

J. Rojo

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