Entre dos continentes. Parte 5: un paseo entre ruinas.

Gran Teatro de ÉfesoEl origen legendario de Éfeso, cuya tradición se extendió a través de los escritos de Herodoto, establece que la ciudad recibió este nombre por una de las reinas de las Amazonas. A orillas del Mar Egeo y a los pies del antiguo monte Pion, hoy en día la ciudad es un importante enclave turístico que atrae a cientos de visitantes.

Desde que bajamos a desayunar supe que iba a ser un día de intenso calor. Después de tantos viajes -especialmente aquellos por Grecia y por Italia- he llegado a la conclusión de que cuando planeas visitar ruinas de la Antigüedad Clásica, toca pasar calor…

La primera visita de la jornada no tuvo demasiado interés, al menos desde el punto de vista personal. Consistió en ir a la Casa de María, el lugar donde supuestamente había pasado los últimos días de su vida la madre de Jesús, después de que este muriera crucificado. No fue el hecho de que los temas religiosos no me interesen demasiado -desde la perspectiva histórica, todas estas cosas son interesantes- pero es que la Casa de María era más un teatrillo de pseudodevotos que acuden a un edificio diminuto, sin ninguna particularidad desde el punto de vista arquitectónico, que ha sido reconvertido en un pequeño lugar de oración pero que no conserva prácticamente nada de la época. Así que el hecho de estar haciendo cola a pleno sol para atravesar la susodicha casa en apenas medio minuto, no tuvo nada de especial. Por suerte, las visitas del día adoptaron otro cariz desde que entramos en las ruinas de la ciudad originaria de Éfeso -y aquí empezó el calor de verdad-.Casa de María

“¡Agua, gorras, agua, gorras, agua, gorras…!”, voceaban los vendedores ambulantes. Productos imprescindible para la visita. Tendríamos que habernos abastecido mejor antes de entrar en el recinto porque luego no había nada para evitar la deshidratación hasta el final del recorrido.

Pero las altas temperaturas no fueron las que complicaron la visita. Más agobiante que el calor era la presencia de centenares de personas recorriendo las calles de una ciudad que ni en su momento tuvo tantos habitantes como visitantes tiene ahora… A veces, cuando visito este tipo de lugares, intento imaginar cómo sería visitarlos totalmente a solas, con calma, a cualquier hora del día o, mejor aún, de noche y en silencio.

Pero bueno, no hay más opción que “aguantar” a los turistas en tropel que, por desgracia, la mayoría de las veces ni siquiera tienen verdadero interés por lo que están viendo, pero quieren verlo los primeros, sacarse la foto los primeros y continuar el recorrido los primeros. Javi y yo optamos por la actitud del “no me estreses” y nos lo tomamos con calma, como tiene que ser.

Biblioteca de CelsoLas ruinas de Éfeso me recordaron, en muchos aspectos, a las de Pompeya. Sobre todo la calzada principal a cuyos lados se levantaban las pequeñas casas-taller dedicadas al comercio. Qué bien se organizaba esta gente… Muchas ciudades de nuestro Archipiélago ni siquiera pueden presumir de un verdadero plan urbano. Templos, zonas de ocio, teatros, termas… En Éfeso había de todo. No es de extrañar que en su momento éste fuera un importante centro religioso, cultural y comercial.

Pero lo más sorprendente de todo es la biblioteca, al final de la calzada principal. Celso, un gobernador romano, encargó la construcción de este lugar en honor a su padre. Hoy en día lo que se puede observar -como en la práctica totalidad de Éfeso-, es una reconstrucción con las piedras originales. Pero a pesar de ser una “recomposición” de lo que realmente fue, resulta impresionante. En su momento, este lugar que se integraba en la red de bibliotecas públicas del Imperio almacenó hasta 12.000 rollos y, con posterioridad, sirvió también como tumba monumental para Celso, algo muy poco común.

Y poco antes de finalizar la visita, el Gran Teatro de Éfeso, un recinto con capacidad para 24.000 espectadores en el que cada año se celebraba la festividad en honor a la diosa Artemisa -cuyo tempo, también en Éfeso, fue una de las Siete Maravillas del Mundo, aunque ya apenas quedan los restos de una columna-. Hoy en día el teatro se sigue utilizando para espectáculos puntuales y de relevancia internacional.

Abandonamos la ciudad y su “fuego”, literal -por el calor que hacía- y simbólico, pues el filósofo Heráclito, natural de esta ciudad, consideraba que el principio de todas las cosas era este elemento que, en sentido metafísico se refiere al movimiento y a los cambios constantes que modifican en mundo. Y sí, muchas “modificaciones” había experimentado aquella ciudad ahora en ruinas. Al menos es lo que me dio por pensar cuando vi a todos aquellos turistas subiéndose a las guaguas con bolsas llenas de souvenirs que no les servirán para recordar más un lugar en el que sólo estuvieron de pasada.

 

 

Celina Ranz Santana

 

 

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