Entre dos continentes. Parte 4: al otro lado del Mármara

Mar MármaraHasta el momento habíamos estado todo el tiempo en la parte de Turquía que geográficamente pertenece a Europa, a pesar de que sus calles latieran con ritmos orientales. Hacia el este primero y posteriormente hacia el suroeste, en las siguientes dos jornadas descubriríamos la ciudad de Bursa y las impresionantes ruinas de la histórica Éfeso.

Desde Estambul tomamos la guagua muy temprano. Un autobús que llegó bastante más tarde de lo estipulado, por lo que pensábamos que nos habíamos equivocado con el horario. Nuestra partida fue un poco tensa en este sentido, pero en cuanto estuvimos sentados en la guagua preferimos olvidar aquellas preocupaciones para despedirnos silenciosamente de Estambul y de sus imponentes mezquitas delineando el horizonte de una ciudad apenas amanecida.

Para tomar la carretera hacia Bursa primero había que atravesar el Mar Mármara, algo que nos ahorraría unas cuantas horas de camino por autopista. El trayecto en ferry duró poco más de una hora, lo suficiente para tomar el segundo té de la mañana, sacar algunas fotografías y comprobar que el agua estaba llena de enormes medusas que en un primer momento habíamos confundido con bolsas de plástico. Ésta es una zona de frecuentes movimientos sísmicos. De hecho, el terremoto que removió los cimientos de la ciudad de Izmit en 1999 tuvo su origen en una falla situada en las profundidades de este mar que recibe su nombre de unas pequeñas islas ricas en mármol.

El camino hasta Bursa se hizo mucho menos agradable que el trayecto en ferry. Algo más de tres horas nos costó llegar hasta esta ciudad del nordeste, capital de la provincia que lleva el mismo nombre. Ya por el paisaje se podía advertir que se trataba de una región muy rica en agricultura, repleta de bosques y tierras fértiles, así como de zonas de aguas termales. Ya desde la Antigüedad fue un importante foco comercial en el extremo occidental de la Ruta de la Seda y la mayoría de los productos para los palacios de los sultanes se fabricaban aquí. Tal vez por ello, desde el punto de vista industrial, Bursa sigue siendo uno de los referentes del país.Mezquita Azul

Realmente la parada en esta ciudad fue una excusa para hacer tiempo y comer antes de continuar el camino hacia Éfeso. Aprovechamos para visitar la mezquita más grande de la ciudad, Ulu Camii, que a diferencia del resto de mezquitas que habíamos visto hasta el momento, tenía una fuente en el interior para que los fieles practicaran allí el abdesto antes de rezar. Los musulmanes han de purificar el cuerpo antes de sus oraciones, que son la purificación del alma. Es por ello que han de lavarse la cara, las manos y los pies por tres veces consecutivas.

Por último visitamos la Mezquita y el Mausoleo Verde, dos edificios de menor tamaño que el anterior decorados por azulejos de color turquesa. En el mausoleo está enterrado el sultán Mehmet I, directamente en un agujero en la tierra, pues los tiros musulmanes de enterramiento únicamente utilizan el ataúd como medio de transporte.

La comida fue bastante rápida en un restaurante junto al mausoleo en el que conocimos a una pareja de canarios que viajaba en la misma guagua que nosotros. Como siempre, no faltaron el tomate, el pepino, la carne de cordero asada y el té, lo suficiente para que, tras retomar el camino hacia Éfeso nos pegáramos una buena siesta y, aún así, aún había mucha carretera por delante…

En realidad, no pudimos hacer mucho después de llegar al hotel, que se encontraba en medio de la nada, aunque ofrecía la opción de disfrutar de sus piscinas y sus baños turcos, si bien es cierto que no probamos ninguna de las dos cosas, más por falta de curiosidad que por verdadera pereza. Se había hecho tarde, el viaje había sido largo y pesado y no apetecía prolongar mucho más la jornada. Eso sí, vimos la semifinal del Mundial del mundial de fútbol en una pantalla junto a la piscina y un espontáneo se abrazó a nosotros cuando España marcó el gol que le daría la victoria.

La verdad es que nunca me imaginé viendo los partidos de fútbol de un Mundial, y mucho menos en una ciudad histórica como Éfeso y con un emocionado aficionado que no había dejado de darnos el coñazo durante toda la segunda mitad del encuentro. Así que, voy a aprovechar la situación para decir algo que hasta entonces nunca tuvo demasiado sentido para mí: “el fútbol es así”.

 

 

Celina Ranz Santana

 

 

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