Ensoñaciones corpore insepulto

Ensoñaciones corpore insepulto

Portada de ‘Ensoñaciones corpore insepulto’

En su última novela, Carlos Castañosa se sumerge en un agudo diálogo entre lo vivido y lo soñado

A modo de Segismundo, el protagonista de Ensoñaciones corpore insepulto, parece despertar de un sueño de más de siete décadas de duración en el que lo real y lo ficticio comparten algo más que toda una vida. Coincidiendo con su 75 aniversario, Jorge Lafax, médico jubilado, tiene un encuentro fortuito con la voz omnipresente que todos llevamos dentro. A través de ella, el autor se sumerge en una competición dialéctica con las personas (¿o tal vez personajes?) que, de un modo u otro y para bien o para mal, han marcado su trayectoria.

A medida que avanza la conversación, nos damos cuenta de que no hay nada ‘accidental’ ni en éste ni en ninguno de los caminos que se han ido entrecruzando en la historia de Lafax y que, sin duda alguna, han contribuido en la creación de su fuerte personalidad. En la frontera entre lo real y lo imaginario, el autor hace germinar sus propios recuerdos para salpicar de ternura, crudeza o nostalgia, esta historia con tintes autobiográficos.

“Con los años siento que mis verdades inamovibles dejan de serlo para dejar espacio a dudas, con las ventanas abiertas” (Ensoñaciones corpore insepulto)

Enemigo del tiempo y de la banalidad, Carlos Castañosa vuelve a las andadas con una prosa mejorada y mucho más ágil que en obras anteriores (Cuando los demonios se desperezan, Cercanías de largo recorrido), para abordar desde una aparente sencillez grandes temas existenciales. Cuestiones como el amor, la vejez o la paternidad salpican las páginas de estas ‘ensoñaciones’ que en el fondo no son sino el verdadero despertar de su voz interior.

La obra no trata de dar lecciones morales ni de seducir al lector con frases sugerentes camuflando verdades muy personales. Es el relato de una vida, con sus luces y sus sombras, fabricado desde el artificio literario y erigido sobre los cimientos, a veces inestables, de la más cruda realidad.

 

Celina Ranz Santana

Un comentario
  1. Mi agradecimiento por tan amable reseña a mis
    ENSOÑACIONES CORPORE INSEPULTO.
    Como ampliación a la muy halagadora crítica, deseo añadir ciertos conceptos personales a modo de semblanza resumida de mis personajes.

    Es imposible inventar lo ya inventado, pues cualquier episodio, anécdota o aventura que se pretenda relatar ya ha sucedido infinitas veces en la larga trayectoria de la humanidad. La creatividad consiste en dotar de originalidad y verosimilitud a la ficción de unos personajes inventados para que adquieran la personalidad definida que los identifique y distinga entre sí.
    Cada perfil debe construirse in mente antes de empezar a describirlo. En dicho proceso también sucede el déjà vu. No puede existir la persona única y exclusiva que no participe, en mayor o menor grado, de peculiaridades y características de otros congéneres. Para diseñar un personaje de ficción, el recurso o artificio literario consiste en acoplar retales sueltos de individuos reales para configurar el tipo imaginario que se pretende ofrecer.
    Así surge aquí el meditabundo protagonista: Un médico jubilado, doctor Jorge Lafax, cuyos valores éticos y principios morales lo han abocado a situaciones extremas que supera con su vocación de supervivencia, y con la suerte que acompaña en momentos decisivos a quienes siempre luchan por los demás, aun a riesgo de que alguno le muerda su mano tendida.
    El balance positivo lo encuentra y disfruta en Eva; la mujer de su vida que aparece tardíamente pero a tiempo de ensamblarse ambos como en el cuento del soldadito de plomo y la bailarina de juguete.
    Los demás actores de la trama se ofrecen como elementos abstractos que se distinguen unos de otros por las tres o cuatro voces específicas asignadas a cada uno como seña de identidad exclusiva. La historia se presenta básicamente en formato de diálogos de intensidad variable, imprescindibles en la parte narrativa. La necesaria área descriptiva se apoya en un eventual narrador omnisciente, cuyos párrafos van en cursiva para comodidad de lectura.
    Es inevitable que los personajes absorban parte del conocimiento del autor y puedan sugerir cierta propensión autobiográfica. En este caso, quienes acompañan al protagonista son tan irreales y ficticios que solo dan opción al tópico habitual de “cualquier parecido con la realidad será mera coincidencia”. La ficción de mis ensoñaciones es incuestionable…
    03/04/2018

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