‘Enigma’, una joya del criptoanálisis

Máquina EnigmaSe ha llegado a decir que la Segunda Guerra Mundial habría acabado mucho más tarde de no haber sido por el desciframiento de esta compleja máquina: ‘Enigma’ un complejo aparato de cifrado rotatorio que, como su propio nombre indica, estaba llena de secretos.

Ya desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial se empezaron a utilizar este tipo de aparatos electromecánicos destinados a encriptar información para que el bando enemigo jamás pudiera conocer la estrategia del rival. Sin embargo, ninguna de estas máquinas había alcanzado la perfección de ‘Enigma’. A pesar de que era un trabajo bastante tedioso, el análisis estadístico de las letras que componían estos mensajes permitían obtener el ‘patrón’, o lo que es lo mismo, la clave para descifrar el contenido. Estos lenguajes criptográficos no eran nada nuevo: se basaban en códigos para ocultar información que ya venían utilizándose desde el siglo XV.I.

Pero ‘Enigma’ fue una máquina diferente, mucho más evolucionada que las anteriores. Su complicado método de cifrado superaba con creces los sistemas de sustitución y repetición de los códigos anteriores y su sistema de rotores y hendiduras podía estar configurado de tal manera que seMáquina Enigma pudieran obtener hasta 105.456 alfabetos posibles, o lo que es lo mismo, 150 millones de millones de combinaciones. Esto permitía, entre otras cosas, que los mensajes pudieran ser codificados de una forma distinta cada vez, convirtiendo ‘Enigma’ en una potente arma de guerra.

No es de extrañar que descifrar el funcionamiento de ‘Enigma’ se convirtiera en un objetivo primordial en el bando aliado. Fueron los británicos los primeros en intentar quebrantar las comunicaciones de los nazis a través de este sistema, creando una ‘Escuela gubernamental de códigos y cifrados’ perteneciente al servicio secreto. Un número muy reducido de personas, entre ellos criptógafos y matemáticos -como el famoso Alan Turing- conocía la existencia de este programa y participaba directamente en él con el objetivo de rescatar los mensajes cifrados de los nazis y obtener el patrón necesario para destripar ‘Enigma’. Bajo el nombre en clave de ‘Informes de Boniface’, los resultados de estas investigaciones y la obtención de información ‘Ultra’ era enviada a Churchill en una caja cerrada de la que sólo él disponía de una llave para abrirla.

Los descifradores británicos se nutrían más de los errores cometidos por los comunicadores nazis que por sus propias investigaciones. Aunque el papel de los espías y del personal infiltrado en el ejército rival fue decisiva en la obtención de una clave. De no haber sido por la captura de un barco meteorológico alemán el 7 de mayo de 1941, difícilmente los estudiosos alemanes hubieran dado con el patrón que seguían estos mensajes secretos. Por fortuna, el susodicho barco disponía de una máquina ‘Enigma’, así como de un manual de operaciones y un libro con los códigos de cifrado -al principio de cada mes los operadores de ‘Enigma’ obtenían documentos con las nuevas pautas para el manejo de la máquina.

No se supo del descriframiento de esta máquina hasta la década de los 70, en la que se popularizan las comunicaciones computerizadas, basadas también en todos estos antiguos métodos de encriptación. La operación se había mantenido en secreto incluso después de que los Aliados ganaran la guerra y con este secretismo e mantuvo en la oscuridad el incesante trabajo de muchas personas capaces de detener una guerra a través del conocimiento matemático. Al finalizar la guerra, la mayoría de las máquinas ‘Enigmas’ fueron vendidas a otros países que aún confiaban en la seguridad de sus códigos, sin saber que la máquina inquebrantable ya había sido destripada por los aliados.

 

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *