En la tierra de los tulipanes. Parte 2: cosas de hoolaandeses.

Canal de ÁmsterdamCelina Ranz Santana

Una de las particularidades del holandés es que todo se escribe con muchas vocales. Al menos, eso es lo que me pareció mientras mirábamos el mapa buscando el distrito en el que nos encontrábamos.

Ámsterdam se compone de una especie de canales concéntricos en forma de U, pero con vértices bien definidos. Aparentemente, es una distribución bastante sencilla, como para no perderse. Lo que pasa es que cuando avanzas por una calle es como si caminaras por un sinfín y parece que la ciudad va girando bajo tus pies.

Sí, ese fue mi segundo gran descubrimiento del día –después del hallazgo lingüístico con el tema de las vocales-. Pero tranquilos, que tengo cosas más interesante que contar…

Le hemos cogido el gusto al tema de los free-tours. Son excursiones programadas por una empresa –New Europe – que te permiten conocer lo mejor de una ciudad durante una ruta de aproximadamente tres horas y media, con un guía muy simpático que te lo explica en español o en inglés –depende de la ciudad- y que únicamente recibe a cambio lo que el viajero le quiera dar por sus explicaciones al final del recorrido. Por suerte, Ámsterdam es una de las ciudades de la lista, así que hacia las once de la mañana nos plantamos en la plaza Dam para hacer nuestro tour.

Armand, el guía, nos condujo con mucho salero por los rincones más chulos de la ciudad. De sus explicaciones anoté lo que me pareció más curioso. Para empezar, que la ciudad se encuentra bajo el nivel del mar y que hay un montón de diques que contienen el agua y que de vez en cuando se abreCasas típicas de Ámsterdam para que los canales de la ciudad no huelan mal –cosa que dicen de Venecia y que, según mi experiencia personal, no es cierta-. Ciudad de marineros y enclave comercial, por sus canales entraban los barcos a descargar mercancías y de ahí se deducen dos cosas: por un lado, que las casas frente al canal están ligeramente inclinadas hacia delante, pues en lo más alto del techo tenían una polea para que los barcos descargaran sus mercancías sin necesidad de colocarlas primero en tierra. También están inclinadas hacia los lados –algunas increíblemente torcidas- pero eso se debe a que el terreno no es firme y las casas, con el paso del tiempo, se van torciendo. Por eso el Ayuntamiento tiene varios dispositivos que controlan esta evolución. Y hablando de las casas: los impuestos se pagan en función de lo ancho de la fachada, por eso hay casas con fachadas muy muy estrechas y cuya disposición interior está diseñada hacia el fondo –alargada- y hacia arriba-.

Pero volvamos al tema de los comerciantes y los marineros. Por todos es sabido que a este gremio el tema de la fiesta y las mujeres de vida alegre les iba mucho, así que la ciudad puso a disposición de estos caballeros a señoritas de compañía que por unos dineros hacían su estancia más agradable. Ahí está el origen del Barrio Rojo y de la mentalidad bastante abierta de los holandeses. Tan liberales son en esta ciudad que, además del tema de la venta y consumo de drogas blandas, hasta hace muy poco la okupación de los edificios abandonados era legal siempre que se pudiera demostrar que el edificio llevaba más de un año vacío y a cambio de que los okupas pagaran al Ayuntamiento una cuota mensual Casa okupade 50 euros en concepto de servicios –agua, luz, limpieza…-. A pesar de que la okupación está prohibida en la actualidad, aún queda un edificio muy grande y muy famoso que representa el bastión holandés de este estilo de vida.

La verdad es que hay muchas cosas curiosas en esta ciudad. Por ejemplo, los baños en la calle. Sí, vas caminando tranquilamente al lado de un canal y te encuentras una especie de espiral metálica con un cartel de un muñeco haciendo pipí. Pero son solo ‘baños’ para caballeros, así que hace unos años un grupo de mujeres protestó por la falta de consideración hacia el género femenino y no se les ocurrió una manera más original de protagonizar su protesta que miccionar todas juntas desde lo alto del puente de un canal. El atrevimiento les valió para que, a partir de ese momento, pusieran también baños para señoritas, aunque no son demasiado abundantes.

Pero sigamos recorriendo Ámsterdam gracias a las enseñanzas de Armand con un par de curiosidades. En primer lugar, la de los gatos gordos. Ámsterdan es la ciudad de los gatos. Podría decirse que todo el mundo tiene un gato y una bicicleta y que si no los tienes, no eres realmente autóctono. Y es que, por lo que se comenta, hay bastantes ratones en la ciudad y ya se sabe que a los gatos no hay cosa que les guste más que un ratón, así que, además de muy bien cuidados, están alimentados y tirando a gorditos. Por otro lado, algo referente a los holandeses: hasta que no fueron invadidos por los franceses, en Holanda no se estilaba el uso de los apellidos sino que uno se llamaba ‘Paco el panadero’, ‘Marta la costurera’, ‘Tato el carnicero’… o lo que tocara, pero en versión holandesa –vamos, con muchas vocales-. Pero los franceses impusieron esa norma y los holandeses, como venganza muchos se pusieron apellidos de coña para reírse de los despistados franceses. No sería este el único ridículo que hicieron los franceses por estas tierras. Sin ir más lejos, cuando el hermano de Napoleón se coronó, se presentó a sus súbditos como el “conejo”, porque en holandés está palabra se pronuncia de forma muy parecida a “rey”, de manera que el monarca pasó a la historia como el “rey conejo”.

Y poco más que contar acerca de esta segunda jornada en la ciudad salvo que finalizamos nuestro paseo en un mercado navideño, con árboles, lucecitas y pistas de patinaje sobre hielo mientras degustábamos unas enormes papas fritas –muy  típicas en Holanda- que compramos en un ‘Chipsy King’. Si es que estos holandeses tienen mucha guasa con estas cosas del idioma…

 


Celina Ranz Santana

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