‘Emperador’

Emperador Condescendencia americana tras las atrocidades de una guerra.

Las películas bélicas que tratan de recuperar algún episodio concreto de la Historia siempre tienden a ponerse del lado de los ‘buenos’, que curiosamente suelen ser los norteamericanos. En Emperador sucede lo de siempre: una buena dosis de patriotismo condescendiente tras la destrucción de Japón.

Si se ajusta más o menos a los acontecimientos reales, poco tiene de interés. Peter Webber –La joven de la perla, Hannibal: el origen del mal– cuenta la historia como un ejercicio de benevolencia del Ejército norteamericano e intenta incluir en la narración una historia de amor que suavice el tedio que supone ver a un poco convincente Matthew Fox –el Dr. Jack de la serie Perdidos– realizar una investigación sobre los crímenes de guerra de los japoneses una vez concluida la II Guerra Mundial. La decisión sobre cuál será el destino del emperador Hirohito tras el conflicto queda en manos del general Bonner Fellers y de Douglas MacArthur –Tommy Lee Jones; Si de verdad quieres, No es país para viejos– dos hombres que, más allá del honor y del deseo de obrar bien, su interés en poner punto final a la guerra persigue fines más personales que verdaderamente altruistas.

Emperador es una película que ni histórica ni cinematrográficamente hablando aporta demasiado y que, lejos de conmover o de despertar compasión, respeto o interés, solo provoca una maligna indiferencia hacia ese momento de la Historia al que pretende rendir homenaje.

 

 

Celina Ranz Santana

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