‘El vuelo’

El vuelo

Ni una mentira más.

Para contar una buena historia hace falta emoción. Hace falta que lo que vemos se infiltre bajo nuestra piel y nos vaya envenenando para provocar en nosotros arcadas de risa, llanto o miedo. Hay películas tan íntimas que se olvidan de que al otro lado de la pantalla hay un espectador predispuesto a dejarse envenenar pero que, si no recibe su dosis en el momento oportuno, se vuelve inmune a lo que le cuenten durante el resto del metraje. Y eso es algo que Robert Zemeckis –Forrest Gump, Contact– conoce y sabe utilizar.

En este sentido, por su intensidad y la sorpresa de lo repentino, hay imágenes en este comienzo que recuerdan mucho al accidente aéreo de Náufrago, solo que en esta vez la agonía se prolonga durante muchos más minutos, hasta el punto de que el impacto final se convierte en una especie de liberación.

En El vuelo sucede exactamente así: el arranque de la trama es tan impactante que, a pesar de que luego la película avanza por otros derroteros en los que la acción es la suficiente para que la película no entre en coma, se mantiene la tensión y el interés hasta el último minuto de la cinta. Así da gusto.

Denzel Washington se convierte en un piloto adicto a las drogas y al alcohol que en un determinado momento de su vida es capaz de demostrar la entereza suficiente para evitar una catástrofe aérea. Pero a pesar de una hazaña que nadie más hubiera sido capaz de realizar, ese pasado de excesos lo convierten, al mismo tiempo, en un riesgo para los pasajeros y, sobre todo, para sí mismo.

Después de una primera hora en la que las turbulencias acaparan todos los sentidos del espectador, El vuelo se convierte en una interesante reflexión acerca de los motivos que pueden hacer de un hombre con problemas acabar convertido en un héroe y en un villano al mismo tiempo.

Washington arrastra durante toda la película el peso de una culpa bien camuflada entre el alcohol y las mentiras y busca sin saberlo la redención. La historia de Zemeckis flaquea un poco en el desenlace, que podría haber sido más duro -tal vez más ‘real’- pero que en cualquier caso encaja en el conjunto de la película.

Solo una recomendación: mejor no vaya a ver El vuelo si tiene que coger un avión en las próximas semanas.

 

 

Celina Ranz Santana

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