El vampiro de Sacramento

Richard ChaseLa solitaria vida de un asesino en serie.

Los continuos desvaríos de Richard Chase no auguraban nada bueno. Paso gran parte de la adolescencia obsesionado con la idea de que su cuerpo experimentaba cambios incontrolables que le conducirían a la muerte: que el cerebro se le deformaba, que la sangre no le circulaba o que algo terrible estaba sucediéndole a su organismo. En cierto modo, Chase se pudría por dentro, pero su enfermedad no estaba en ninguno de sus órganos vitales, sino en su imaginación. Tales eran las obsesiones que se creaba el joven que estuvo convencido de que una organización criminal lo perseguía y apuntaló la entrada de su habitación, teniendo que salir y entrar por un agujero, solo para sentirse más protegido de sus fantasmas.

Por todo ello, ingresó en un centro psiquiátrico para que sus problemas mentales recibieran tratamiento, pero no pasó mucho tiempo allí. A pesar de que muchos de los médicos que lo habían tratado consideraban a Chase un joven potencialmente peligroso, fue dado de alta a condición de que mantuviera un tratamiento con potentes fármacos capaces de aplacar sus alucinaciones. Pero Richard Chase no estaba hecho para recibir recomendaciones de nadie, así que dejó de tomar su medicación y las obsesiones no tardaron en reaparecer y en cobrar fuerza. En esta ocasión se trató de otra paranoia: que su sangre se convertía en polvo, por lo que necesitaba regenerarla constantemente, consumiendo sangre de otros seres vivos. Para ello, empezó matando perros y comiéndose sus vísceras. Pero a los 28 años de edad decidió pasarse al género humano e iniciar una carrera homicida imitando a otros asesinos en serie.

En apenas una semana, Richard Chase cometió seis asesinatos, cada cual más violento, sobre todo el último, que se saldó con cuatro víctimas: una pareja de 27 años y sus hijos, un niño de 6 y un bebé de 22 meses. Tras disparar en la cabeza a toda la familia, sodomizó el cadáver de la mujer y se bebió su sangre, destrozó el cráneo del niño de 6 años y se llevó el cuerpo sin vida del bebé para devorar su cerebro.

Las escenas de sus crímenes eran aterradoras y, a la vez, demasiado instintivas y pasionales como para no dejar huella. Por eso en cuanto la policía avanzó un poco en sus investigaciones, no fue difícil localizar a Chase, que alegó escuchar voces extraterrestres que lo instigaban a cometer sus macabros asesinatos. Fue condenado a la cámara de gas, pero en diciembre de 1980 murió en su celda a causa de una sobredosis de antidepresivos.

 

 

El Ilustrador

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.