El último viaje de Amelia Earhart

Amelia EarhartLa aviadora más célebre de la historia desapareció al intentar la primera vuelta al mundo en avioneta sobre la línea ecuatorial.

Earhart era una piloto experta, y así lo demostraban las marcas y reconocimientos que había logrado durante toda su trayectoria como aviadora. Aventurera e inquieta, desde muy joven Amelia se propuso demostrar al mundo que las mujeres de comienzos del siglo XX también podían ser protagonistas de la Historia.

Probablemente su presentación al mundo tuvo mucho más de fenómeno mediático que de realidad. A comienzos de 1928, Amelia se convirtió en la primera mujer en cruzar en avioneta el Océano Atlántico, en una travesía que, junto al piloto Wilmer Stultz y al mecánico Louis Gordon, la llevaría desde Terranova hasta Gales. A pesar de reconocer que todo el trabajo lo habían realizado los hombres, Amelia acaparó toda la atención de los medios, que no tardaron  en convertirla en todo un icono de la época.

Sin embargo, gracias a toda esta publicidad, Amelia Earhart consiguió otros logros por sus propios medios: fue la primera en viajar sola entre Hawai y California –una decena de pilotos lo había intentado antes que ella y todos habían fallecido-, la fundadora de varias carreras de éxito, la protagonista de varios récords de velocidad y, finalmente, la primera mujer en atravesar el Atlántico pilotando, totalmente sola, su avioneta.

Por todo ello obtuvo importantes premios y reconocimientos que alimentaron su ilusión de una gran aventura: la de dar la vuelta al mundo por el ecuador. El viaje comenzó el 17 de marzo de 1937 en Hawai pero, debido a problemas técnicos, tuvo que desistir. En aquel primer intento la acompañaban el aviador Fred Noonan y otros dos tripulantes como apoyo técnico. Además de problemas con la aeronave, tras el accidentado primer intento hubo algunas desavenencias con el resto de la tripulación, por lo que la segunda vez Amelia decidió viajar solo con Noonan.

El 21 de mayo de 1937 la pareja de aviadores despegó de Florida, realizando vuelos hasta entonces inimaginables. Pero apenas un mes después del comienzo de la aventura, cuando los pilotos se encontraban en la isla indonesia de Bandung, Amalia enfermó de disentería. La enfermedad coincidió con algunos problemas técnicos con la avioneta y varios días de mal tiempo que retrasaron la travesía. Pero a pesar de la enfermedad, el cansancio y los contratiempos no supusieron un impedimento para la aviadora, que decidió continuar con la aventura. El 2 de julio de 1937 la avioneta abandonó Lae, en Papúa Nueva Guinea, con combustible suficiente para unas 21 horas de vuelo. Pero las condiciones climatológicas eran adversas, por lo que se produjo un consumo de combustible superior al estimado. En su ruta hacia Isla Howland, se perdió el contacto con la avioneta. Los últimos mensajes, cortos e ininteligibles, los mantuvieron Noonan y Amelia con el guardacostas estadounidense Itasca, que no dispuso de suficientes datos para determinar la posición de la aeronave. Se estima que la avioneta se estrelló entre 50 y 150 kilómetros de la Isla de Howland. Las tareas de búsqueda se mantuvieron durante dos semanas. Pasado este tiempo, se perdió toda esperanza de encontrar a los aviadores. Nunca más se supo de ellos.

Semanas antes de su desaparición, Amalia escribió a su esposo, George Putnam, el publicista que la convirtió en un fenómeno mediático al ofrecerle la oportunidad de realizar el primer viaje a través del Atlántico. En su carta le decía: “Por favor debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallaron sus intentos deben ser un reto para otros”.

 

 

El Ilustrador

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