El turbulento pasado del castillo de Leap

Castillo de LeapDesde que en 1532 el asesinato de un sacerdote profanara el suelo sagrado de lo que hoy se conoce como ‘la capilla sangrienta’, varios acontecimientos escabrosos han alimentado la leyenda que se cierne sobre este punto de Irlanda.

Esta construcción de mediados del siglo XII se encuentra a las afueras de la ciudad de Roscrea, en el condado irlandés de Offaly. La sangrienta historia de este lugar se remonta a los acontecimientos de 1532, año en el que fallece el conde O’Carroll y sus descendientes se enzarzan en una batalla familiar para conseguir la propiedad del castillo. Al final, corre la sangre: Teige O’Carroll asalta la capilla del castillo y da muerte a su propio hermano, un sacerdote. Este acto de profanación de suelo sagrado será el punto de partida de una larga historia fantasmal pues, a partir de entonces, misteriosas luces invaden el castillo.

Ya a mediados del siglo XVII, la propiedad pasará a manos de los Darbys, una familia de origen inglés que vivirá en primera persona las apariciones de los O’Carroll fallecidos. Una de las sirvientas del matrimonio asegura sentir extrañas presencias en la propiedad e incluso haber visto a una mujer vestida de rojo en actitud amenazante. Se dice que el padre de la aparecida había concertado su matrimonio con un noble, pero ella estaba enamorada de un granjero. Para evitar problemas, el padre de la prometida asesinó al granjero y ésta, al descubrir lo ocurrido, asesinó a su propio padre quien, a su vez, regresaría desde ultratumba para empujarla desde lo alto de una de las torres del castillo. Su espíritu quedó encerrado en el lugar y cada vez que aparece un aire gélido paraliza los corazones.

Por si no fuera suficiente con esto, hay datos más recientes que siguen poniendo los pelos de punta. Y es que en 1922, un incendio en el castillo dejó al descubierto una parte hasta entonces desconocida: una especie de calabozo secreto en el subsuelo en el que se encontraron los esqueletos de centenares de cadáveres. Se trataba de prisioneros que perdieron la vida en las mazmorras del castillo tras ser arrojados a fosos con picas afiladas en lo que, si tenían la ‘desgracia’ de sobrevivir a la caída, se enfrentarían a días de agonía sin agua, sin luz, sin comida y rodeados de cadáveres. De entre todos estos muertos también surgió una leyenda: la aparición de un pequeño ser jorobado y pestilente que advierte del peligro de acercarse a los muros de este lugar en el que, al parecer, podría haber un tesoro escondido.

 

 

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