El tesorero

José Manuel Adán

Parece ser que un antiguo tesorero del Partido Popular distribuía sobres llenos de euros a determinados cargos del partido y ahora los actuales dirigentes que también lo fueron en la época del tesorero se echan las manos a la cabeza por tamaña desfachatez.

Todo queda dentro de esta ópera bufa que es la gestión de la “política”, porque vamos a ver qué es un tesorero y cuál es o debe ser su función. Según el diccionario “persona encargada de custodiar los caudales de una dependencia pública o particular”. Creo que esta función “estática” no se corresponde con la función actual que es, además de custodiar los caudales, la de intentar proporcionar los caudales para el cumplimiento del presupuesto de la citada dependencia. Es decir, el tesorero dentro de la medida de las posibilidades de la institución buscará la financiación mediante préstamos bancarios, subvenciones, donaciones, cuotas, u otras fuentes legalmente establecidas, para poder llevar a cabo las funciones del partido. De esta forma un buen tesorero lo será si consigue la financiación adecuada en el tiempo oportuno y puede devolver los préstamos recibidos en el tiempo acordado.

Pero el tesorero será siempre una figura ejecutiva no directiva. Es decir tendrá la función antes descrita pero no podrá decidir ningún pago sin la orden del directivo competente. Por ello la orden de pago le llega al tesorero desde una instancia superior y recibida ejecuta el pago. En algunos casos de gastos menudos se le puede delegar la competencia de pago siempre que haya un arqueo o justificación posterior ante el directivo competente. Lo que no tendría lógica alguna es que es dentro de sus funciones se dedicara a repartir dinero a determinadas personas sin el conocimiento de la dirección del partido. El tesorero, si es que ha repartido el dinero, lo ha debido de hacer siguiendo la orden de un directivo superior en la que se incluye a quien se le paga el sobresueldo, y qué cantidad se le paga a cada uno. La sola idea de pensar que el tesorero por sí solo se dedicase a dar dinero a unos y otros por su propia voluntad no puede tomarse en serio. Si los pagos por sobresueldos irregulares no tuvieron la retención legal del IRPF, el partido podría ser acusado de delito fiscal, dependiendo de la cantidad y de los años, independientemente de que los sujetos pasivos que recibieron el sobresueldo lo declarasen o no en la liquidación anual.

Las soluciones que ahora se proponen para que esto no vuelva a ocurrir son dos: una auditoria externa y la inclusión dentro de los partidos de la figura de un fiscal anticorrupción.

La auditoría externa, teniendo en cuenta que el Tribunal de Cuentas a lo máximo que ha llegado ha sido a constatar que los partidos no pagan las deudas que tienen con los bancos y los bancos a señalar que “la deuda está viva”, sin la documentación correspondiente, dada la obscuridad del procedimiento para poco podrá servir. Sin contar la financiación de las fundaciones de los partidos políticos para solaz de los antiguos dirigentes, mientras no se pagan las deudas a los bancos. Por eso una nueva fundación se acaba de crear por un tal Bono solicitando la financiación privada (“querido Emilio”) pero que pronto pedirá la financiación pública vía subvenciones y de su partido.

En cuanto a la figura del denominado “fiscal anticorrupción” dentro del partido sería nuevamente una figura política que reportará al máximo representante del partido. Por ahora solamente se ha exigido en el Partido Popular de Madrid, sin que haya habido un seguimiento caluroso.

Como mi tesis es que los máximos dirigentes de los partidos conocen perfectamente lo que ocurre dentro de sus partidos en asuntos tan importantes, cualquiera de las dos opciones en las que se les señalara la gravedad de lo que ocurre cuando ya es sobradamente conocido me parecen publicidad engañosa y los que creen de buena fe que es la solución les diría que hasta ahora desgraciadamente un cáncer no se puede curar con aspirinas.

 

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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