El Tarot: las raíces del destino

Cartas del TarotSe trata de una de las barajas de naipes más antiguas del mundo cuyos orígenes remotos se encuentran ya en los egipcios, por lo que los mitos y leyendas que circulan en torno a él se han hizo forjando con el paso de los siglos.

 

Una de las teorías más defendidas acerca del origen de este juego de naipes atribuye su creación a Hermes Trismegisto –Hermes, tres veces grande-, un profeta pagano que, entre otras cosas, vaticinó el advenimiento del cristianismo.

Pero hubo mucho de ficticio en la recreación posterior de este personaje que, durante la Edad Media volvió a cobrar importancia especialmente por sus estudios en temas de alquimia y esoterismo. Según esta teoría, más ligada a lo legendario que a lo estrictamente histórico, las cartas del Tarot habrían sido diseñadas por Hermes y otros estudiosos considerados “mensajeros de los dioses” con la finalidad de llevar a cabo las pruebas iniciáticas de los sacerdotes de Osiris, que se realizaban en el interior de las pirámides, concretamente en la denominada “Sala de los Arcanos” de donde toman su nombre las cartas del Tarot -22 arcanos mayores y 56 arcanos menores-. Cada carta estaba compuesta por un número y una letra así como un pequeño diseño en el que se recogía su carácter divino y los aspirantes a sacerdotes de Osiris debían de encontrar un sentido a la interpretación de las tiradas para poder participar del poder divino sobre la vida y el mundo.

Así pues, los arcanos pasan a convertirse en transmisores de secretos y de conocimientos que están muy por encima de la capacidad de los seres humanos. El halo de misterio y poder de estas cartas se irá trasladando por las diferentes vías de comunicación que empiezan a poner en contacto el mundo oriental con el occidental y las cartas van sufriendo una serie de importantes transformaciones a lo largo de la historia.

Estudios más rigurosos han revelado que el mazo del Tarot aparece por primera vez en Europa a través de los egipcios cristianos conocidos como “mamelucos”, en el siglo XIV, si bien durante varias décadas ya se habían estado utilizando en la España dominada por el Islam. Pero un documento de 1367 fechado en Berna –Suiza- es el que nos dará las primeras pistas fehacientes acerca del uso y las trascendencia de estas cartas, que por entonces tenían más valor como objeto de ocio que como herramienta esotérica.

Los propósitos ideológicos, metafísicos, filosóficos y incluso políticos de estas cartas se perdieron durante muchas décadas en las que los diseñadores se fijaban sobre todo en el valor artístico de la baraja, apareciendo versiones de todo tipo atribuidas a artistas como Michelino da Besozzo o Bonifacio Bembo, pasando por el diseño que actualmente conocemos, el del Tarot de Marsella, que data del siglo XVII y que es el referente de la iconografía del Tarot.

Se ignora realmente cuál es la conexión real que existía entre esta baraja y sus propiedades para predecir el futuro, indagar en el pasado o entender el presente. Lo cierto es que las peregrinaciones cristianas por tierras europeas aceleraron la circulación de estas cartas y de las leyendas que las acompañaban, vinculando muchas de sus propiedades a mensajes ocultos que sólo algunos privilegiados eran capaces de interpretar.

En el siglo XVIII se observa un auge considerable de los temas esotéricos por lo que el interés por el Tarot recobra la esencia de sus supuestos orígenes mágicos. El clima europeo del momento y la aparición de numerosas sociedades secretas, se vuelve muy propicio para el estudio de la simbología de los arcanos –fundamentalmente de los mayores- que ya de por sí representan una parte importante de todas las energías del Universo.

Sea como fuere, el Tarot se ha convertido no tanto en un objeto mágico como en una puerta abierta a nuestro subconsciente, donde la imaginación y la experiencia humana se encargan de que la simbología cobre un sentido, literario o literal.

 

 

 

 

 

 

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