El Séptimo no llega

José Manuel Adán

Las implicaciones que conllevaría el recorte de gasto público en cuanto al cese de personal de las empresas públicas, agencias, sociedades estatales, e instituciones duplicadas tanto de la Administración general del Estado como en CC.AA y Ayuntamientos hace que el gobierno nacional se quede paralizado y la única solución para remediar el déficit galopante que tenemos lo base en la emisión de deuda pública una y otra vez hasta alcanzar en 2012 la inestimable cifra de 896.300 m.e lo que significa el 85,3% de PIB.

Los 72.500 m.e. del primer trimestre de 2013 superan los 61.500 m.e del primer trimestre de 2012 y ya equivalen al 31,5% de lo que se quiere captar en 2013; la cantidad lograda en el primer trimestre de 2013 es mayor que toda la deuda pública emitida en 2005,2006 y 2007 y al final de año con estas perspectivas lograremos que la deuda pública represente el 95% del PIB. Gran proeza del registrador. El no recorte del gasto público imprescindible para no ahogar la economía en su actual situación se debe en mi opinión a los siguientes factores:

  1. Originaría una pérdida de poder del partido gobernante en las Administraciones e instituciones en las que esos recortes se llevaran a cabo.
  2. Los sindicatos aprovecharían una vez más los recortes para promover manifestaciones y huelgas, lo que podría abocar a una situación no deseada.
  3. Los empleados públicos despedidos, previsiblemente no apoyarían al partido gobernante en unas próximas elecciones
  4. El incremento en el nivel de desempleo alarmaría al Gobierno .

Mientras tanto el Gobierno sigue dando palos de ciego consintiendo una energía carísima, a pesar de la pequeña rebaja que nos anuncia por estas fechas, se incrementará más adelante. Hay que tener en cuenta que prácticamente un tercio del recibo de la energía es fijo, es decir independiente de lo que se consuma debido a lo que hay que pagar a los inversores en energías renovables en lugar de haber cortado por lo sano y haber optado por la energía nuclear , mucho más barata , como tienen nuestros vecinos galos.

Después de que el sector privado haya hecho un verdadero ajuste vía precios, el Gobierno se jacta de la reducción del saldo de la balanza comercial debida fundamentalmente a la reducción de las importaciones por la reducción del consumo y al aumento de las exportaciones por la reducción de salarios lo que ha, en cierto modo, mejorado su competitividad. Pero como no podemos estar tranquilos, ahora amenaza este Gobierno con un impuesto sobre los depósitos bancarios, el santa sanctorum de los ahorradores, lo que llevaría a una gran inseguridad jurídica al estar por una parte protegidos (hasta 100.000 euros) por el Fondo de Garantía de depósitos, y por otra, sujetos a un impuesto. ¿Hay alguien al mando? El ministro de Hacienda llevado por la locura del Eurogrupo, con el visto bueno del Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, en el error cometido en el rescate de Chipre, que puede llevar al pánico de los ahorradores y tratar de retirar sus fondos, anuncia un impuesto del 0.2% de los depósitos (con lo que ese aseguraría 2.000 m.e), posteriormente rebajado al 0.02% y finalmente no se sabe que ocurrirá ¿Hay alguien al mando? Todo ello con tal de no enfrentarse a las implicaciones que conllevaría el ajuste de las Administraciones imprescindible en mi opinión para comenzar a caminar por la senda del crecimiento al devolver al sector privado todas las empresas públicas innecesarias. Continuar con la elevación de impuestos, tasas y precios públicos para compensar el déficit en lugar de reducir por la vía del gasto se me antoja una vía directa al disparate. Por el contrario en el Consejo de Política Fiscal y Financiera promete más libertad a las CC.AA que no puedan cumplir con el objetivo del déficit y umbrales diferenciados para cada Comunidad Autónoma.

Mientras por el lado izquierdo (siniestro), para que veamos que puede haber luz al final del túnel, algún influyente ciudadano sugiere que Bono es el camino, la verdad y la vida y lo vende como un jarrón de la dinastía Ming, eso sí comprado en un chino de Lavapiés.

La corneta del Séptimo de caballería no se oye por más que pongo el oído pegado a la tierra.

 

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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