El secreto de Marrowbone

El secreto de Marrowbone

El secreto de Marrowbone

Todas las historias familiares tienen su fantasma

Cada vez que una película está directa o indirectamente relacionada con Mediaset, de manera automática siento un poco de repelús. Es uno de esos prejuicios de los que me cuesta un poco escapar. Y es que cuando te ponen algo hasta en la sopa, acabas aborreciendo el caldo. No ocurre así cono El secreto de Marrowbone.

En esta ocasión, el grupo mediático no se ha excedido en la promoción de la película. O será que no veo tanto la tele o que las ficciones políticas de nuestro país han terminado por absorber la ficción cinematográfica de nuestros cines. El caso es que los trailers de El secreto de Marrowbone sólo los vi en los cines, y fue así como me llamó la atención.

Así que apenas un día después de su estreno, fui a ver la película. Y lo que en principio parece una historia de suspense de manual, incluso un poco lenta en algunas ocasiones, termina convirtiéndose en una interesante reflexión acerca de los claroscuros de la mente humana.

¿Es posible escapar de El secreto de Marrowbone?

Lo que tienen las historias con sombras es que su oscuridad se extiende serena y silenciosa. Esté donde esté, a miles de años luz, ese abismo va engullendo todo, lentamente. Y un día el abismo se presenta en la puerta de casa.

Eso es lo que sucede con la familia protagonista del El secreto te Marrowbone. Huyendo de un pasado turbio, cuatro hermanos y una madre enferma llegan hasta un caserón en un páramo alejado de la urbe. Allí se instalan para comenzar una nueva vida, decididos a dejar atrás el pasado, como si fuera tan sencillo como cruzar una línea imaginaria que delimita lo que uno debe y no debe recordar.

Al principio, todo parece ir bien. Pero, como es de esperar, las cosas se complican. Una serie de desafortunados acontecimientos obligará a los Marrowbone a enfrentarse a sus secretos enterrados y el olvido se convierte en rutina. Son tantas sombras y recuerdos que al final, el límite ente lo que parece que sucede y lo que realmente sucede, está muy difuminado. Es imposible escapar en solitario a ese temor que no está en el ático de una casa, en el recuerdo de una tragedia o en la incertidumbre del futuro. Cuando el miedo está dentro de uno mismo, hacen falta otras voces, otros rostros y otras manos que tiren de nosotros hacia la salvación.

 

 

Celina Ranz Santana

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