‘El rostro de la sombra’

El rostro de la sombra

El rostro de la sombra

Un vídeo en Internet puede hacer que la vida de muchas persona cambie en cuestión de horas

Lo vemos a diario. Es la obsesión de miles de personas cuyo objetivo es recibir visitas, obtener críticas positivas y hacerse con la aceptación de la manada. En El rostro de la sombra Alfredo Gómez Cerdá aborda esta temática tan de actualidad en una historia de adolescentes que se podría extrapolar a un espectro de edad mucho más amplio. Porque el fenómeno de las redes sociales y de la estupidez humana no parece tener un límite generacional tan limitado.

La grabación que desata la trama en ‘El rostro de la sombra’

Tras una noche de borrachera, a tres amigos se les ocurre la idea de grabarse tirando piedras desde un puente. Son tres adolescentes del montón. Nunca se han metido en problemas y no tienen intención de hacer daño a nadie. Simplemente quieren hacer un vídeo diferente con el que arrasar en Internet mostrando la reacción de los conductores.

Con la primera piedra que tiran no sucede nada. El conductor del vehículo tiene tiempo suficiente de maniobrar y de esquivarla. La segunda ya es otra historia. El conductor pega un volantazo, el coche se sale de la carretera y se produce un accidente. Los jóvenes tienen un vídeo espectacular para subir a Internet, lo que desconocen es que una de las dos personas que viajaba a bordo del vehículo se encuentra en estado grave como consecuencia de lo sucedido.

Una reflexión sobre el amor y la culpa

El rostro de la sombra es una novela breve y sencilla, escrita con un lenguaje muy juvenil y orientada fundamentalmente al público adolescente. En cualquier caso, Gómez Cerdá realiza una interesante reflexión acerca de por qué no nos podemos sentir ajeno a este tipo de sucesos. El ‘te puede pasar a ti’ está más presente que nunca en esta historia cuyo argumento gira en torno a un suceso desafortunado desde el principio que sin embargo se vuelve más complicado para los protagonistas cuando se dan cuenta de que existe otro tipo de implicaciones.

Pero la culpa, el remordimiento y la responsabilidad es algo que debería surgir de inmediato, incluso sin tener conocimiento de que existen ese tipo de lazos con las víctimas. Porque si somos incapaces de experimentar ninguno de esos sentimientos, independientemente de si nos toca vivirlos de cerca o no, acabamos por deshumanizar el crimen y a sus culpables.

 

 

El Ilustrador

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