El robo más artístico del siglo XX

La GiocondaDejó vacío el hueco que ocupaba en la pared del Louvre y con ella desapareció también la sonrisa más enigmática de la Historia del Arte. En la mañana del martes 22 de agosto de 1911, el cuadro de ‘La Gioconda’ desaparecía del museo y no volvería a saberse de él hasta dos años después.

El robo de ‘La Gioconda’ fue mucho más sencillo de lo que cabría esperar. No hay que olvidar que las medidas de seguridad a comienzos del siglo XX distaban mucho de las que se utilizan en la actualidad para proteger las obras de arte de los museos -y aún así, se siguen produciendo algunos robos-.

Pero para robar uno de los cuadros más famosos del polifacético Leonardo Da Vinci no fue necesaria una operación programada al estilo Misión Imposible: el protagonista de uno de los robos ‘artísticos’ mas sonados de la historia moderna fue un simple carpintero de origen italiano llamado Vincenzo Peruggia. El joven Peruggia había estado trabajando anteriormente como parte del personal del museo, encargándose de acristalar la obras de arte que colgaban en sus paredes. Un comerciante argentino, Eduardo Valfiermo, ideó el plan del robo y convenció al trabajador para que robara el famoso cuadro con el objetivo de venderlo por una cifra astronómica en el mercado negro y repartirse el botín.

El 22 de agosto de 1911 era lunes y el museo cerraba sus puertas para llevar a cabo su mantenimiento y limpieza. A las 7 de la mañana Vincenzo ya merodeaba por los alrededores del museo ataviado con una de las batas blancas del personal. Ya no trabajaba allí, pero su cara seguía siendo conocida, por lo que no levantaba sospechas. Entro al museo por una de sus puertas laterales y se dirigió a la sala en la que se encontraba la deseada pieza del botín. Con suma cautela, descolgó el cuadro de ‘La Mona Lisa’, lo sacó del marco, lo envolvió en un trozo de tela y lo escondió debajo de su bata. Al llegar a la puerta, la encontró cerrada. Desesperado, intentó quitar algunos de los tornillos y justo entonces llegó uno de sus antiguos compañeros del museo. Sin sospechar que Vicenzo acababa de hacerse con uno de los cuadros más valiosos de la colección del Louvre, estuvieron charlando unos minutos y posteriormente el empleado le abrió la puerta al ladrón depués de que este declarara despreocupado “algún estúpido ha cerrado la puerta”. Unos instantes después ya estaba en la calle, camino de su apartamento, sin que el mundo supiera aún lo que acababa de suceder entre las paredes del Louvre.

El pintor Louis Béroud, que visitaba el mueo para hacer su propia interpretación de la pintura de Leonardo, sería el primero en percatarse de la desaparición. Se lo comunicó a los guardias de seguridad y estos a su vez al director del museo, que inmediatamente cerraría las puertas de acceso y se pondría en contacto con la policía. A partir de este momento daría comienzo la infatigable búsqueda del cuadro, que dudaría más de dos años.

En un principio, lo hechos fueron relacionados con unos robos anteriores en el museo en los que se creyó que podían haber estado implicados dos artistas de éxito: el escritor Apollinarie -que al parecer ya se había referido al Louvre como un lugar en el que “se encarcela el arte”- y el pintor Piccaso, anteriormente relacionado con la compra de obras de arte robadas. Los dos tuvieron que prestar declaración ante las autoridades francesas y los dos fueron puestos en libertad al demostrarse que no existía relación con el crimen y las investigaciones continuaron su curso dando palos de ciego. El hueco en la pared que antes ocupaba ‘La Gioconda’ se convirtió en un atractivo turístico más dentro del museo, mientra los parisinos se dejaban la piel intentando averiguar dónde se encontraba el cuadro.

Hasta el 29 de noviembre de 1913 no se tuvo prácticamente ningún indicio de qué había sido del cuadro. Al parecer, Valfiermo había conseguido vender varias falsificaciones, pero el original permanecía escondido. El propio Peruggia se había puesto en contacto con un marchante italiano que se había anunciado en la prensa como comprador de obras de arte. El carpintero-ladrón se trasladaba hasta Florencia unos días después de haber contactado con el coleccionista y llevaba consigo el valioso cuadro. Para llevar a cabo la transacción, había adoptado la misteriosa identidad de ‘Leonardo’, sin dar demasiados datos acerca de su procedencia o de la obra que estaba dispuesto a ‘ceder’ -pues en ningún momento se habló de dinero-. ‘Leonardo’ había prometido en su carta la posibilidad de devolver ‘La Mona Lisa’ a un museo italiano, y el marchante, tras habérselo comentado al director de la Galleria Uffizi, invitó al misterioso comprador a la ciudad. Peruggia -con su nueva identidad-, viajó hasta Florencia con el cuadro sin saber que está a punto de caer en una encerrona. El director de la Galleria y el merchante, tras cerciorarse de que efectivamente se trata del cuadro original, avisan a los carabinieri y Peruggia es detenido, juzgado y encarcelado por tan sólo quince días. El acusado alegó que las causas por las que había robado el cuadro para trasladarlo a Italia dos años después eran puramente ‘nacionalistas’. Al parecer, Valfiermo nunca volvió a contactar con Peruggia después del robo y su única intención era la de realizar copias falsas para venderlas como originales, cosa que llegó a hacer.

Según algunos estudiosos del tema, la obra que cuelga actualmente en una de las salas del museo parisino podría ser también una imitación. Una afirmación tan investigada y discutida como el porqué de la sonrisa más misteriosa del mundo.

 

 

 

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