El robo del ‘Codex Calixtinus’

Codex CalixtinusMás de 200 pergaminos con ilustraciones, textos y partituras, componen esta obra que trasciende los caminos de la fe cristiana para retratar las costumbres de toda una época. Con su robo desaparece una parte muy valiosa de nuestro patrimonio artístico, literario, lingüístico y cultural.

 

Cuando el Codex Calixtinus -en castellano Códice Calistino– desapareció del lugar en el que permanecía guardado en la Catedral de Santiago de Compostela, fueron muchos los que se llevaron las manos a la cabeza, sorprendidos de que algo así pudiera suceder. Y es que, al parecer, el códice no se encontraba sujeto a las medidas de seguridad que un documento así se merecía.

Pero dejando a un lado estos aspectos que en ocasiones ratifican ese dicho de “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes” lo cierto es que este acontecimiento ha hecho que el Codex Calixtinus se convierta en tema de actualidad, por lo que la Tortilla Literaria de hoy está dedicada a conocer un poco más de cerca esta obra.

Al parecer, fue el papa Calixto II el que allá por el siglo XII inició la ardua labor de recopilar los testimonios de los milagros del apóstol Santiago con el objetivo de reforzar la identidad cristiana en un momento en el que Occidente parecía abrirse a nuevos dogmas. En este sentido, el apóstol Santiago, que durante 14 años vagó por el mundo enfrentándose a numerosos peligrosos por defender su fe, era todo un referente del cristianismo y era necesario realzar su figura.

Es habitual que se confunda el códice con el Liber Sancti Iacobi, pero éste último no es sino el contenido de aquél, una compilación de 225 pergaminos escritos a doble cara, en una única columna y con 34 líneas por página.

El incalculable valor de este documento es que no se trata meramente de un libro de liturgias o de un libro religioso dedicado a la figura del apóstol Santiago, sino de un retrato social y cultural de la época. En los cuatro primeros libros que componen el códice -aparte de lo dos apéndice- se recogen sermones y homilías, los 22 milagros realizados por intercesión de Santiago, el traslado del cuerpo del apóstol desde Jerusalén hasta Galicia y la posterior liberación de su tumba de la opresión musulmana, una tarea que el espíritu de Santiago habría encomendado a Carlomagno mostrándole “el camino de las estrellas”.

Ya en el quinto y último libro se presenta una especie de Guía del Peregrino de Santiago que detalla los lugares del camino que deben visitarse durante la peregrinación. Se trata del Liber Peregrinationis, un conjunto de escritos que se le atribuyen al clérigo francés Aymerid Picaud. A lo largo de once capítulos, Picaud realiza un recorrido por las claves del peregrinaje como si una guía de viajes se tratara, con constantes referencias al camino, a la gente de los pueblos, a sus costumbres y a los puntos de interés. Son consejos y detalles que incluso los peregrinos modernos pueden tener en cuenta y que vienen a completar una obra cuya importancia está más allá de lo religioso y que durante ocho siglos había sido custodiado en el lugar al que siempre perteneció.

Durante varios siglos fue leído y estudiado de forma ininterrumpida por los clérigos de Compostela por lo que, a pesar de que en el siglo XII se realizaron cuatro copias de este manuscrito, el códice de la Catedral de Santiago tenía un valor añadido que lo hacía único -de hecho, al tratarse de copias manuscritas, cada una de ellas tiene sus particularidades-.

Su robo supone la pérdida de una parte importante de nuestra cultura y del folclore que acompaña a una peregrinación que durante siglos han cumplido cientos de miles de personas.

 

 

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