El relicario

José Manuel Adán

No existía un sentimiento monárquico en la sociedad española en el momento de la instauración de la monarquía por decisión de Franco en D. Juan Carlos de Borbón, proclamado primero, sucesor a título de Rey el 21 de julio de 1969 y a la muerte de Franco, Rey el 22 de Noviembre 1975; dos momentos en los que juró fidelidad a los principios del Movimiento Nacional (y al Caudillo en el primer acto).

Sin embargo, ese sentimiento distante hacia la monarquía se fue haciendo menos distante hacia el Juan Carlismo por la seguridad que supuestamente emanaba, por una parte y por la ignorancia que existía sobre la vida del monarca debido al cinturón férreo que había en su entorno, lo que impedía saber a la prensa y por ende a los ciudadanos quién era verdaderamente el Monarca, qué hacía, cuál era su vida, salvo lo estrictamente oficial. Así, la popularidad del Monarca fue creciendo prácticamente hasta 2008 según las estadísticas y desde entonces su caída parece que no tiene fin. En mi opinión, aunque los casos de corrupción de su familia y su vida sentimental hayan contribuido y mucho a ese deterioro, lo verdaderamente crucial es la percepción de que ese sentimiento de seguridad, que incluía fundamentalmente la seguridad al no desmembramiento de la unidad de España, ahora no existe.

Desde su nacimiento, esta monarquía ha gozado de ventajas inimaginables en otras monarquías. En primer lugar, la instauración en D. Juan Carlos en lugar de en el poseedor de los derechos dinásticos su padre D. Juan, lo que da lugar a la queja de D. Juan por lo que entendió que era una falta de lealtad cuando responde a su hijo, que había manifestado que había aceptado para salvar a la Monarquía, diciendo que iba a ser monarca de “una monarquía sin honor” y rompiendo lo que debería haber sido una “reinstauración” de la dinastía de los Borbones, una vez pasado el episodio de la guerra civil y la secuela del franquismo. Dos años más tarde D. Juan cedería sus derechos dinásticos a su hijo.

En segundo lugar al recoger la Constitución algún principio contrapuestos como pudiera ser la sucesión en el varón preferido a la hembra, lo que contradice la discriminación por el sexo del artículo 14.

En tercer lugar la irresponsabilidad del Rey: “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad” salvo para nombrar y relevar a los miembros civiles y militares de su Casa.

En cuarto lugar el percibo de una cantidad desde los Presupuestos Generales del Estado, sin control alguno de la misma “para el sostenimiento de su Familia y Casa y distribuye libremente la misma” (alrededor de 8.6 millones de euros anuales, que no es en modo alguno el coste anual de la Monarquía que ascendería a más de 100 millones de euros).

A cambio de estos privilegios el Rey es el Jefe del Estado símbolo de su unidad y permanencia y debe arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones, por lo que aunque no gobierne, no deja de estar “cogobernando” junto al Presidente del Gobierno de turno en los temas de Estado, en la sombra, es decir, reinando.

Pero ¿cuál es el resultado del trabajo realizado hasta aquí en este reinado? En espacio de unas pocas líneas solo puedo resaltar a título de parecer injusto, lo que a mí me ha llamado más la atención:

El 16 de Octubre de 1975 el rey Hassan II anuncia que va a comenzar una marcha pacífica del pueblo marroquí hasta el Sahara español. El 2 de Noviembre el príncipe D. Juan Carlos se dirige a los soldados españoles y les asegura “que el prestigio y el honor del Ejército serán respetados”. El Ejército recibe órdenes “del primer soldado español” de usar sus armas si los peregrinos marroquíes intentan franquear sus líneas. El 18 de Noviembre, las Cortes adoptan el proyecto de Ley de descolonización del Sahara. La presencia española en el Sahara terminará el 28 de Febrero de 1976.

El 22 de Noviembre de 1975 en el discurso de proclamación como Rey de España entre otras cosas dice: “Que nadie espere tener privilegios” y sobre el plano exterior evoca la vocación europea de España y haciendo alusión a Gibraltar “la lucha de generaciones de españoles para restaurar la integridad territorial de la patria”. En Noviembre de 1983, según el entonces embajador del Reino Unido en Madrid , y por documentación ahora desclasificada, el Rey le habría comunicado el nulo deseo de que Gibraltar dejara de ser británica y pasara a integrarse en España ante la presión que entonces ejercería Marruecos sobre Ceuta y Melilla.

El 23 de Febrero de 1981 se produce el golpe de Estado de Tejero, el Rey al parecer estaba enterado desde el principio y el golpe se aborta precisamente porque Tejero se niega a que hubiera un gobierno presidido por el Tte. General Armada en el que se integrarían según la lista publicada, Socialistas (Felipe González, Javier Solana, Enrique Mújica, Gregorio Peces Barba) y Comunistas (Jordi Solé Tura) fundamentalmente, junto a otros centristas y monárquicos (Luis María Ansón). El 9 de Febrero de 2012 el diario alemán “Der Spiegel” publicó un cable diplomático según el cual el Rey sentía una gran simpatía por los golpistas, lo que fue desmentido por el Jefe de la Casa del Rey. La sombra de la duda de la actitud del monarca ha continuado.

El 17 de Diciembre de 2003 el Rey recibe al Presidente del parlamento de Cataluña, el separatista Ernesto Benach y la frase “hablando se entiende la gente« causa estupor en la sociedad española.

En Septiembre de 2012 y después de una entrevista a D. Juan Carlos, el periódico New York Times publica que la fortuna de D. Juan Carlos se estima en 1.200 millones de euros.

La frase “y si cuela cuela” para apoyar la negociación con la ETA después de más de mil muertos, no pasa desapercibida.

La petición del Rey a los empresarios mallorquines para que le compren unan embarcación de recreo, tampoco. El rey finalmente obtiene el regalo.

¿Puede equilibrarse todo lo anterior con haber tenido una cierta estabilidad institucional en la Jefatura del Estado hasta el conocimiento más profundo de la vida y obra del Monarca? Y si no es así ¿para qué necesitamos un Rey? Si no se opone frontalmente al desmembramiento de España, no defiende la integridad de la nación en el contencioso de Gibraltar, se duda de su posición ante un golpe de Estado y se enriquece nadie sabe cómo.

Dada la mediocridad de los políticos y dirigentes actuales considero que todo lo que ha hecho el Rey y anteriormente apuntado, lo hubieran hecho de la misma manera los Presidentes de la III República, si hubiera existido. Pero con la diferencia de que estos hubieran permanecido un tiempo limitado, aunque esto no sea en modo alguno un consuelo.

La monarquía, otrora reinante en toda Europa solo reina además de en Mónaco en los países nórdicos, Holanda (vestigio de la española) y en el Reino Unido y así será si sus habitantes están conformes con la actitud de sus monarcas. Otros países , en otro tiempo inundados de reyes como Francia, Austria, Hungría ,Rusia, Portugal, etc. han preferido la fórmula menos ilusionante de creer que el poder viene de Dios y elegir entre los ciudadanos a la persona que con más mérito ha de dirigirlos por un periodo corto de tiempo. Y si se equivocan, la próxima vez no será el elegido.

El hecho de que la monarquía haya aceptado para adaptarse a los tiempos, el matrimonio morganático, incluso el casamiento con personas divorciadas a pesar de (en el caso español) tener el título de Rey Católico, tiene como consecuencia, ver claramente que la sangre azul, es roja y que efectivamente todos somos iguales, entonces ¿por qué ha de tener privilegios? El misterio se desvanece.

Sin embargo, hasta un republicano convencido como yo, después de conocer lo ocurrido en las dos repúblicas anteriores, se opone a que en este momento se impulse un cambio en la forma de organización del estado. Ni existen los políticos adecuados, ni la situación política en este momento lo admite, ni los partidos políticos tienen a sus miembros educados en un cambio de tanta trascendencia. Ilusionadamente espero el momento de una tercera república que nada tenga que ver con las anteriores, y con la bandera roja y gualda, pero no es este.

Por todo ello, y mientras tanto, exijamos al Rey que reine, que vuelva a ser símbolo de la unidad del Estado, que sepa que España es más, mucho más que su familia. Que todavía él no es una reliquia.

 

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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