“El primero que me rodeaste”

Mapa de los viajesAlentado por un dato cierto -que la tierra era redonda- y uno equivocado -las dimensiones reales de dicha esfera- el navegante portugués Fernando de Magallanes se embarca en una aventura alrededor del mundo, obsesionado con la idea de conectar las últimas islas de las Indias con los recién descubiertos territorios Americanos.

Tan difícil fue conseguir que el rey Carlos I -puesto que al rey de Portugal no le había hecho ninguna gracia la empresa- aceptara el plan de Magallanes y, por lo tanto, apoyara su financiación, como lograr convencer a su equipo de que había que seguir navegando después de más de un año en el océano, un motín y la pérdida de varios hombres y navíos.

El 20 de septiembre de 1519 una expedición de cinco barcos y alrededor de 256 marinos zarpó de la localidad gaditana de Sanlúcar de Barrameda. Tras recalar en Canarias, atravesar las islas de Cabo Verde y pasar frente a las costas de Sierra Leona, atravesaron el Atlántico hasta llegar a lo que actualmente se conoce como Río de Janerio. La travesía, hasta el momento, les había llevado ya más de tres meses, pero la aventura no había hecho más que comenzar. Magallanes tenía que encontrar un paso hacia el oeste que lograra conectar el nuevo continente con las Indias, así que fue bajando hacia el sur por la costa argentina y esperó a la llegada de la primavera en la inhóspita bahía de San Julián. El duro invierno en aquellos parajes, el agotamiento de los recursos, el difícil abastecimiento y el ánimo decaído de la tripulación provocó un motín dirigido por Gaspar de Quesada, capitán de una de las naves de la misión. Tres de las cinco naves se revelaron contra Magallanes que, sorprendentemente, supo controlar la situación y convencer a su equipo de que estaban a punto de lograr algo muy importante. Los insurrectos fueron sometidos a juicio, uno de los capitanes asesinado, otro condenado a muerte y otro abandonado en tierra justo antes de que la expedición continuara su camino hacia el sur. El 1 de Noviembre de 1520, más de un año después de la partida, Magallanes alcanza el que denominaría “Estrecho de Todos los Santos” -más tarde “Estrecho de Magallanes”-, por coincidir con el día de dicha festividad. El hasta entonces conocido como Mar del Sur pasa a denominarse Océano Pacífico porque, con todo, los navegantes no vuelven a tropezar con ninguna otra tempestad.

Pero las cosas no se iban a poner fáciles a partir de entonces. El estrecho era un auténtico laberinto marítimo, así que Magallanes decidió enviar primero una nave para comprobar por dónde se movían y tras haber explorado la zona el resto del equipo logró atravesar aquel punto tan complicado de la geografía terráquea. Sin embargo, durante los siguientes tres meses la expedición no encontró ningún punto de tierra firme y la tripulación se vio nuevamente azotada por el hambre, el escorbuto y la desesperación. Hasta tal punto llegó aquella hambruna que los marineros comían serrín, trozos de cuero reblandecido y, con suerte, alguna rata de las que quedaban por el barco. Prácticamente sin agua -pues se había podrido- y sin alimentos, el 6 de marzo de 1521 Magallanes llega a la isla de Guaján -a la que nombraría como Isla de los Ladrones- en el archipiélago de las Molucas: al fin un lugar en el que repostar. Desde allí continúan hacia Samar -lo que supone el descubrimiento de las Filipinas-. Pero la paz duraría más bien poco tiempo porque la batalla termina desatándose entre los exploradores que, bajo las órdenes de Magallanes intentan someter a los hombres de Lapu-Lapu, el jefe de una tribu cebuana. La conocida como Batalla de Mactán le costó la vida a Magallanes y supuso que Juan Sebastián Elcano se pusiera al mando de la expedición.

Con Elcano se inicia una nueva etapa en esta aventura: la del regreso. Fernando de Magallanes había cumplido el sueño de Colón de encontrar una nueva ruta hacia las Indias por el oeste, pero realmente no había dado la vuelta al mundo. Esta ya sería una empresa de Elcano y de los 18 supervivientes de la tripulación inicial que en julio de 1522 pisaban nuevamente tierras españolas tras desembarcar de una de las dos naves –Victoria- que aún quedaba a flote después de la travesía. Otros cuatro hombres de la Trinidad no regresarían hasta tres años después, habiendo decidido tomar una ruta de regreso distinta a la propuesta por Elcano y en la que falleció la mayor parte de la tripulación.

De los 256 participantes en la expedición inicial dirigida por Fernando de Magallanes, sólo 22 consiguen finalizar la travesía, y sólo 18 de ellos, a las órdenes de Juan Sebastián Elcano pueden ser considerados como los primeros en dar la vuelta al mundo y demostrar la redondez de la Tierra.

El valor de la carga -especias y metales preciosos- transportada en el barco de Elcano sirvió no sólo para costear la expedición sino además para producir beneficios, pero la misión había sido tan dura que nadie se atrevió a repetirla hasta medio siglo después. Como reconocimiento a la gran hazaña que lo haría pasar a la Historia, Carlos I entregó a Juan Sebastián Elcano un escudo de armas coronado por una forma terráquea en la que podía leerse “Primus circumdedisti me”: El primero que me rodeaste.

 

 

 

 

 

 

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