El primer artículo del año

Este es el primer artículo del año. Mi primer artículo del año, quiero decir. No sé si lo leerán cinco, diez, veinte o mil personas. Al menos lo leerá uno. Yo. Y eso hace un número algo mayor. Porque yo, como todos, soy más de uno. Este es un artículo de cine pero cuesta mucho hablar de cine sin hablar de todo lo demás…

Cuando escribo este artículo es día 31, el último día del año y eso nos lleva a ponernos un poco nostálgicos, un poco tristes y un poco esperanzadores. Menudo cocktail de emociones. Quizás lo que toca es hacer un repaso del (ya pasado) año cinematográfico pero temo dejarme muchísimas películas importantes que el que lea esto haya visto y éste que escribe no. Así que hablaré de las películas que se me ocurran a medida que vaya escribiendo este artículo tan poco articulado. A medida que voy escribiendo estas frases. Estas frases. Ésta.

Este año he visto una de las mejores películas que probablemente se hayan hecho, por supuesto a mi juicio, tan subjetivo como el que más. A mí a subjetivo no me gana nadie. Revolutionary Road. Me la había recomendado un buen amigo mucho tiempo antes de que me pusiera a verla y después de verla, la comentamos. Yo creo que hablar de cine es casi tan divertido como ver cine. En ocasiones hasta mejor. Por supuesto un finlandés puede opinar lo contrario, dado que ellos no son tan propensos a las charlas de café como nosotros los españoles. Espero que ningún finlandés se ofenda, sólo estoy mencionando una leve diferencia socio-cultural porque nos parecemos en otras muchas cosas. Ellos también ven Torrente y escuchan a Eros Ramazzotti. En serio que lo hacen, lo sé de buena tinta.

El caso es que hablé de Revolutionary Road con mi amigo no delante de un café sino en medio de un magnífico paisaje de Anaga mientras hacíamos un hermosísimo y complicado pateo por un lugar donde el hombre es tan pequeñito que pierde parte de su sentido. Aunque, ahora que lo recuerdo (no, no vuelvo atrás a corregir el texto para legitimar el concepto de artículo in-articulado) hablamos de la película justo antes de comenzar el pateo. Hablamos y discutimos porque a pesar de que a los dos nos había fascinado la película, teníamos opiniones un tanto divergentes en cuanto a alguno de los personajes. Discutir también parece una cosa muy española, ignoro si el buen discutir es algo también muy finlandés. Mi conocimiento del país de Papá Noel es algo limitado.

No voy a desgranar aquí las virtudes de este magnífico film porque creo que me quedaría corto o no sabría expresar con toda la claridad que desearía sus grandes cualidades. Baste decir que habla con hondura y sinceridad de algo que nos une a casi todos los seres humanos, de nuestra condición de seres incompletos, siempre anhelantes, muchas veces valientes otras muchas cobardes (también los finlandeses).

En esto del cine es lugar común la pontificación intelectual acerca de lo que deben o no deben tratar las películas. Lo que debe ser el cine y lo que no. El cine debe ser testigo de su tiempo. El cine tiene que entretener. El cine tiene que ser divertido. Hondo. Serio. Esperanzador. Espectacular. Minimalista. Muy visual. Cine de oficio. Cine de vanguardia. Experimental. Con aire clásico. O moderno. Estructurado. Libre. Con mensaje. Sin mensaje. Metafórico. Estimulante. Hacer pensar. Hacer evadirse.

Yo no tengo ni puta idea de lo que debe contener una película. Sospecho que ni yo ni nadie, aunque como he dicho anteriormente soy un campeón de lo subjetivo. Como todos. Sin embargo creo que hay dos elementos que me parecen especialmente significativos y dignos de mención a la hora de valorar una película, ya sea si uno quiere realizar una comedia para adolescentes o un ensayo visual sobre la decadencia del hombre contemporáneo. Y son la honestidad y la ausencia de pretenciosidad. Que en el fondo son la misma cosa. Por qué deben competir El club de los cinco con La mamá y la puta. No deben. Vaya, este artículo está quedando demasiado in-articulado. Disculpen, ha de ser la llegada del nuevo año, yo también estoy condicionado por siglos de cultura. También llevo en mi mochila la lucidez y la inconsciencia.

Al final no he cumplido con algo que había apuntado. Sólo he hablado de una película. Pero ya avisé de que este era un artículo in-articulado. Aunque aún estoy a tiempo… De hablar de otras buenas películas que he visto este año… Al menos de nombrarlas… AnticristoUp… Ya he cumplido.

El año que empieza podrá traernos magníficas películas, películas descerebradas para adolescentes cerebrados, películas pequeñas rodadas en una sola habitación, películas espectaculares con tantos extras como habitantes tiene Islandia, películas violentas y películas almibaradas. Pónganse el cinturón. Porque las películas nos cambian. O quizás no tanto… ¿Qué opinarán los finlandeses de esto?

Alberto García

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