El premio Cervantes más emotivo

Ana María MatuteAna María Matute, la tercera mujer en recibir este galardón que tiene ya tres décadas de historia, fue la protagonista de un acto repleto de sensibilidad, imaginación y una gran dosis de experiencia literaria.

Y finalmente, llegó el Premio Cervantes de las Letras. La propia Ana María Matute declaró que había llegado temprano a su cita “no vaya a ser que le dieran el premio a otro”. A sus 84 años, la escritora sigue regalando una sonrisa dondequiera que va, envuelta en ese halo de candidez que uno no sabe si es sólo producto de su avanzada edad o si es acaso la consecuencia directa de una imaginación que nunca ha abandonado la infancia.

El galardón “está retrasando gloriosamente su última novela”, pero Matute aún tiene mucho que contar, y esto es porque ha vivido mucho y su literatura se nutre sobre todo del recuerdo. Y entre sus recuerdos más preciados, aquél de cuando lloró con 20 años al terminar de leer El Quijote: “empecé a leerlo con 14 años, pero me aburrí muchísimo porque no entendí nada. Después, a los 20 años, me enamoró, fue la primera vez que lloré leyendo un libro”.

También con algunas lágrimas contenidas ha recibido el Premio Cervantes de las Letras, en una emotiva ceremonia en la que la escritora declaraba estar “feliz, pero muy nerviosa”. Su discurso estuvo repleto de referencias autobiográficas, porque la vida personal y la literaria son una misma cosa para Ana María Matute. Su lectura en el Paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares conmovió a los presentes en la ceremonia y a los que sólo pudieron disfrutar de sus declaraciones a través de los medios. No es de extrañar que con frases como “el que no inventa no vive” o el colofón final de “si en algún momento tropiezan con una historia, o con alguna de las criaturas que transmiten mis libros, por favor creánselas. Creánselas porque me las he inventado”, la escritora fuera despedida con una ovación del público con la que ya le fue imposible contener aquellas emociones que se le enredaban en el pecho y en la voz.

Pero lo cierto es que es ella la experta en conmover a sus lectores con historias que acarician el alma y cuentos que parecen venir acompañados de un susurro, para que los niños se adormezcan y los adultos recuerden que todavía tienen algo de niños. Felicidades, señora Matute.

 

 

 

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