El picudo rojo

José Manuel Adán

En una reciente visita a un lugar de la costa mediterránea me encontré con la desagradable sorpresa de ver uno de los árboles más bellos de la naturaleza, la palmera, completamente destruido por algo que resultó ser el picudo rojo.

Preguntando a un experto en plagas como era posible que esa palmera que hacía solo unas semanas estaba con las hojas verdes y el tronco firme, en tan poco tiempo yaciera seca, el tronco por los suelos y rodeada de tierra a modo de serrìn. Me señaló que el picudo rojo, una especie de escarabajo que llegó a España con la Expo de Sevilla en el 1992 dentro de unas palmeras africanas y que ha tardado 15 años en llegar al Mediterráneo, lleva ya unos seis años consiguiendo que mueran miles de palmeras. Mi sorpresa fue aún mayor cuando me dijo que a veces de un día para otro puede ocurrir ese espectáculo tan triste. Al parecer el insecto volador se para en el cogollo de la palmera donde pone sus huevos de donde salen las larvas que descendiendo por el interior del tronco lo van destruyendo, posteriormente las larvas de nuevo se transforman en insectos, picudos rojos, que terminada la tarea destructiva la continúan en las palmeras donde se posen. Pude ver el insecto, bello por cierto si es que un insecto pueden adjetivarse de esa manera, pero la labor destructiva no sabría describirla con exactitud, no habría palabras.

Pensando en el picudo rojo y su tarea destructiva rápida, me vino a la mente la cantidad de los que, a modo de “picudos rojos”, existen en nuestra sociedad, que poco a poco pero sin descanso, destruyen sus cimientos basados en lo que creíamos eran sólidos principios. El viento favorecedor de esta maldita plaga es, en mi opinión, la relatividad. Así, nuestra civilización cristiana se aparta del cristianismo, confundiéndola con la iglesia actual que como obra humana ha cometido errores, pero los principios del cristianismo nos permiten la independencia de los poderes , entre ellos la Justicia, la libertad, la aceptación de la democracia, la no venganza ante la injuria, el principio del mérito por el esfuerzo, el castigo a los corruptos, la igualdad los ciudadanos ante la Justicia, la propiedad privada, el respeto a los que más saben (Senior) ,el amparo de los más pobres y tantos principios más que han construido la civilización occidental cuna de las mayores obras pictóricas, musicales, arquitectónicas, técnicas, y descubrimientos científicos del orbe actual.

Esta civilización está hoy en almoneda. Estos picudos rojos “sociales” tienen una gran facilidad para inocular su veneno mediante la relativización. Todo es relativo y apenas nada tiene importancia. Así, la familia, unidad fundamental de nuestra sociedad ya no está constituida por una madre y un padre y las parejas del mismo sexo pueden adoptar niños ya que lo importante es que estos grupos de homosexuales estén satisfechos, difuminando así a la familia que procrea ya que todo es relativo. En la escuela, el profesor se llama Paco, lo que de un plumazo elimina el principio de autoridad, jerarquía y sabiduría del maestro, pero a los padres les parece muy bien porque todos somos iguales y de esta forma el alumno se encontrará mejor en un aula donde el profesor sea un ”colega”.

Los jueces, que en un reciente congreso de Decanos han proclamado una mayor severidad ante la corrupción, reducción de los indultos, plazo de prescripción mayor para los delitos de corrupción pero no han dicho absolutamente nada acerca de la independencia de la Justicia, completamente dominada por el poder Ejecutivo. Parece que se encuentran contentos con este sistema. El picudo rojo ha logrado que el poder Judicial dependa del Ejecutivo y que los jueces estén contentos ¿Se puede pedir mayor satisfacción? Así la Audiencia nacional, antes paladín de lucha contra el terrorismo hoy mira al lado contrario por donde escapan los etarras de prisión, porque es lo que conviene a la política gubernamental.

Pero el picudo rojo continúa su labor, otra de sus obras destructivas se ha centrado en el Ejército: alabarlo para que esté contento pero sin hacer nada, confundiendo guardia con guardián. Desde el malhadado golpe del 23 de febrero de 1981, las Fuerzas Armadas parece que no existen en la sociedad siendo un pilar fundamental de la misma. Un gobierno socialista creó una unidad de élite para apagar fuegos al mando de un Teniente General (la UME), con sueldos mayores que los correspondientes al Ejército, así todos contentos, y las misiones de las Fuerzas Armadas se incardinan en el exterior, donde realizan una labor, salvo en contados casos, de policía que siempre se aplaude. Pero tienen la obligación de garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional, lo que es ampliamente sabido y escondido cuando es algo normal en todas las constituciones europeas. ¿Por qué no se ve personal uniformado por las calles de cualquier ciudad española como se ven por cualquier ciudad de Francia, por ejemplo? ¿Por temor un renacimiento de la ETA? Así los nacionalistas pueden ejercer su labor sin temor a alguno de los preceptos establecidos en la CE. El picudo rojo es muy sibilino. Hasta el toque de corneta de palacio al izar o arriar la bandera de España, al parecer, molesta a la consorte del monarca cuando creo que, por ejemplo en Estoril, no se oye.

El mayor de los picudos rojos ha logrado que la Justicia dependa del Ejecutivo, mientras la corrupción política no se para, el gobierno ha admitido que los terroristas y nacionalistas gobiernen en ciertas partes de España con políticas separatistas y la previsible sedición por parte de algunos gobernantes regionales continúa.

El Gobierno en una sesión dedicada a presentar medidas contra la corrupción, después de tres años lo que presenta entre otras cosas es que habrá un informe sobre los indultos. El Ejecutivo no se va a hacer daño. Verdaderamente el picudo rojo continúa atacando y todavía no hemos hallado el antídoto que nos preserve de ese mal.

Exijamos a la sociedad civil que continúe investigando.

 

José Manuel Adán

Economista e Inspector de Finanzas del Estado

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