El petróleo, un arma de doble filo

Carlos Castañosa

Utilizada torticeramente por quienes debieran velar por los intereses del pueblo.

Duele e indigna que se aplique la prepotencia de la “mayoría absoluta”, se menosprecie y se nos prive de la información necesaria y suficiente para evaluar decisiones unilaterales, aplicadas con autoritarismo. Y mientras, la afilada facción opuesta contrarresta con una campaña demoledora de “armas silenciosas para guerras tranquilas”.

Ambos casos afectan la visceralidad y sentimientos de una población confiada y receptiva a los mensajes, mientras se nos hurta el acceso directo al sentido común y al uso de razón.

¿Por qué ha de sufrir el ciudadano normal los efectos devastadores de una pugna particular entre dos contendientes individuales?

La manipulación de la opinión pública consta en un manual aplicado por el poder cuando le interesa divulgar masivamente una campaña propagandística en favor de objetivos propios e interesados. El decálogo es:

  1. Inundación de datos simples para desviar la atención de lo importante.
  2. Crear un problema y ofrecer soluciones.
  3. Aplicar las medidas traumáticas poco a poco.
  4. Anunciarlas para el futuro, para que no se espere daño inmediato.
  5. Tratar a la opinión pública como a niños pequeños.
  6. Estimular emociones en lugar de reflexión.
  7. Fomentar la ignorancia.
  8. Hacer complaciente al ciudadano con su mediocridad.
  9. Hacerle sentir culpable de la situación.
  10. Conocer sus debilidades como punto de referencia.

Perversa técnica aplicada hoy implacablemente a los ciudadanos canarios para contrarrestar el abuso de poder centralista.

Una segunda lectura explica el rédito electoralista del adoctrinamiento sobre la buena fe del simple ciudadano que cree, sin ambages, que las prospecciones redundarán en ruina definitiva del turismo. Cuando, para nuestra desgracia, la gestión turística solo es negocio para los de fuera: turoperadores extranjeros que pretenden la exclusividad de los “5 estrellas”; aerolíneas foráneas de bajo coste subvencionadas con nuestro dinero público; aeropuertos explotados por AENA… Aquí, solo prevalecen suntuosos y mal aprovechados hoteles del “todo incluido”, pero el incremento de visitantes no refleja nuevos puestos de trabajo, sino excesivos cargos políticos afectos al sector. Para colmo, se ahuyenta al turista de calidad por los reiterados vertidos fecales en nuestro litoral por depuradoras, colectores y emisarios obsoletos y averiados.

Son deseables las energías limpias para el futuro, cuanto más inmediato, mejor. Pero mientras, nuestra dependencia actual del petróleo es incuestionable. De la destilación fraccionada del crudo se obtienen casi dos mil elementos y materiales incluidos en nuestra vida cotidiana. Medidas racionales deben encaminarse a la sustitución paulatina, pero firme, por unas fuentes de energía ecológica y racional que permitan nuestro progreso, pero no el utópico regreso a la prehistoria.

Desde que se controló el fuego, los riesgos han ido parejos con su utilización. Minimizarlos sigue siendo motivo de tratamiento muy especial. Todo progreso implica algún riesgo que debe ser identificado y controlado, pero nadie deja de tener coche por tantos accidentes mortales.

Esta ciudadanía necesita información veraz, cual es su derecho constitucional, sobre la realidad objetiva de los posibles peligros de unas prospecciones y, por supuesto, los previsibles beneficios que su explotación supondría para esta depauperada tierra, tan mal gestionada por los de dentro como maltratada por los de fuera.

Un titular gestado desde la presunta buena fe: “Quien esté de acuerdo con las prospecciones debe irse de Canarias”, es un indicio de cómo la manipulación informativa puede degenerar en un radicalismo fundamentalista que nada tiene que ver con los principios y dignidad de esta población.

 

 

Carlos Castañosa

elrincondelbonzo.blogspot.com

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