El orden de los factores…¿Altera el Producto?

avión

Carlos Castañosa

Coloquialmente decimos que el orden de factores no altera el producto. No es del todo cierto. No sólo en el abstracto universo de las Matemáticas, donde existen productos no conmutativos, sino en el mundo real. Razonémoslo sin sofismas…

 

Los cuatro principios básicos de la deontología profesional en Aviación Comercial, Seguridad, Puntualidad, Eficiencia  y  Economía, son – o deben ser – así asumidos. Precisamente en dicho orden de prioridad, en el que la prelación de la SEGURIDAD es incuestionable y debe marcar una escrupulosa distancia con sus tres seguidores.

 

Con cierta perseverancia surgen  opiniones, más o menos técnicas o interesadas, sobre un concepto económico novedoso, con ínfulas de vanguardista, aplicado a la filosofía comercial de la Aviación. Con él, se pretende haber descubierto la panacea y solución para rectificar el incipiente declive del turismo y, también, para intentar justificar la nueva construcción de aeropuertos anejos a pequeñas poblaciones en las que, por sus condiciones demográficas y/o geográficas,  no figura entre sus prioridades.

 

El  “Low Cost” se está instalando cómodamente en el podio del pretendido éxito empresarial de cualquier compañía aérea. Gestión auspiciada por directivos encuadrados, a pesar de su supuesta confluencia de intereses,  en un grupo que desconoce, y a veces denigra, las peculiaridades profesionales de la misión central en la que se fundamenta la razón de ser de su actuación gestora.

 

Hasta hace unos años, la presidencia  de las grandes compañías era detentada por personajes públicos, procedentes de ámbitos que nada tenían que ver con Aviación. Eran los del  “… déjenme aterrizar…”. Su futuro no se implicaba con la evolución de la empresa, pues sus intereses eran ajenos a la Compañía y sólo les afectaba cuanto pudiera suponerles  de escalón político su eventual paso por la poltrona.

 

La filosofía de gestión actual ha cambiado… en apariencia… Ahora, los que mandan y templan son empresarios; empresarios profesionales. En un principio, pareció que el deseado pragmatismo y racionalización de medios iba a ser motivo de ilusión y esperanza con respecto al futuro de la empresa y a la armonía y dignificación de todos los colectivos que la configuran.ala de avión

 

La frustrante comprobación presente es que la prioridad absoluta se adjudica al color de los números. Sólo pueden ser negros y con muchas cifras… a costa de lo que sea….

 

La percepción racional de quien suscribe, desde la barrera de la reserva, induce a considerar tan limitado alcance de miras  como error flagrante, pues cuando el dinero figura como único objetivo, inexorablemente se cumple el “cuento de la lechera”. Las ganancias deben ser consecuencia de un buen trabajo,  y los beneficios, el premio a una gestión brillante. Así lo dicta el sentido común.

 

La mal entendida competencia con las compañías de bajo coste está determinando un deterioro de imagen y operatividad  muy importante por el proceso de mimetismo que se está practicando a base de  ahorrar, incluso en conceptos que debieran ser sagrados en una empresa que renuncia paulatinamente a sus valores. Léase cómo en una Compañía, que lo fue de bandera, se fragua una filial barata para contrarrestar el aparente éxito de quienes han osado priorizar la Economía sobre los otros tres principios fundamentales, relegando la SEGURIDAD a un temerario cuarto puesto.

 

Aquí es donde el orden de los factores SÍ altera el producto. Lo altera, lo denigra y lo pervierte… Pues si un producto es barato por ser malo, deja de ser barato…

 

Carlos Castañosa

 

 

 

 

{backbutton}

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.