‘El Olivo’

El olivo

El olivo

Deja de alimentar tu propia desgracia

El nombre no es por casualidad. La protagonista de esta historia, una joven de 20 años llamada Alma, tiene intacto el espíritu infantil que todos deberíamos conservar hasta el final de nuestros días. La pureza de las cosas que se explican por sí solas pero que, a medida que nos hacemos adultos se transforma en miedo y en inseguridad.

Alma nos demuestra que la única manera de evitar que esa sombra nos atrape es enfrentarse a la vida con la inocencia de un niño y la valentía de un adulto que no está dispuesto a rendirse. Y en lugar de seguir alimentando su propia desgracia, se lanza al mundo para combatirla.

El olivo milenario del abuelo

La última película de Icíar Bollaín (También la lluvia, Mataharis) cuenta la historia de una búsqueda que desafía el tiempo pero sobre todo el espacio. Desde que se llevaron el olivo milenario, el abuelo (interpretado por Vicente Capafons, un agricultor jubilado de Cataluña) vive sumido en un luto silencioso.

En la recta final de su vida, su nieta Alma (Anna Castillo: Oro, Fuera de foco) que siente adoración por él desde niña, se propone encontrar el olivo con la esperanza de que el abuelo recupere la vida que le arrancaron cuando se llevaron el árbol. La búsqueda implica enfrentarse a un largo viaje por carretera en el que Alma aprenderá a perdonar los errores de los demás y a perdonarse a sí misma.

La diferencia entre lo que tenemos y lo que somos

En El olivo Icíar Bollaín presenta una historia sencilla con un trasfondo complejo. No hay que hurgar en la tierra para averiguar el profundo simbolismo de ese olivo que, como dice el abuelo antes de que se lo lleven “No es de nadie. Es de la tierra”.

Más de dos mil años de historia han curtido la piel de este árbol que ha visto nacer y morir a muchas generaciones y que en ninguna de ellas parece haber conocido a un ser humano lo suficientemente lúcido para entender que sólo estamos aquí de paso, ya sea por un breve período de tiempo o durante cientos de años.

La película es una constante reflexión sobre esa dicotomía entre lo que tenemos y lo que somos en la que lo importante no parece ser decantarse por una de las dos opciones sino encontrar el equilibrio entre lo eterno y lo efímero para evitar cometer siempre los mismos errores.

Celina Ranz Santana

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