El número áureo: proporciones divinas.

El Hombre de Vitruvio, de Lonardo Da VinciMatemáticos y científicos de todos los tiempos han estudiado la manera de encontrar un orden en el caos aparente que domina el Universo. Una clave que nos permitiera responder a las preguntas que desde el origen han acompañado a la Humanidad. Y una de las verdades más complejas de ese orden es la existencia de un número cuyas proporciones se encuentran en la naturaleza que nos rodea y también en la naturaleza de la que estamos hechos. Es el 1,618. El número áureo. La divina proporción.


Realmente, no se trata de un número entendido como concepto de unidad, sino de una proporción entre segmentos de rectas. Por lo tanto, es el resultado de una relación. La división de un segmento siguiendo esas proporciones es conocida como sección áurea y está presente en numerosos ejemplos de la naturaleza, desde las hojas de los árboles hasta las espirales de las caracolas, por no hablar de numerosos objetos y edificaciones que, avaladas por el misticismo, también reúnen las particularidades de este número, conocido en estos casos como la divina proporción.

 

El número áureo se representa con la letra griega φ (fi), en honor al escultor griego Fidias, si bien su descubrimiento fue muy anterior a esta época. Aunque no existen documentos escritos que lo certifiquen, se cree que ya desde el 2.000 a. de C., los babilonios utilizaban el número 1,618 como un referente en algunas construcciones de carácter funerario. Sin embargo, sería Euclides el primero en documentar las particularidades de este número, allá por el 300 a. de C, si bien anteriormente los pitagóricos e incluso Platón habían desarrollado algunas teorías matemáticas que podrían estar estrechamente relacionadas con el número áureo.

Con Luca Pacioli, matemático y teólogo del siglo XVI, el número sería trasladado al plano de los místico (de ahí deriva su consideración de “divina proporción”, nombre homónimo de la obra de Pacioli en la que señala que el valor único del número áureo es comparable con la unicidad de Dios). También su presencia sería estudiada en otros ámbitos como el artístico, la naturaleza e incluso el propio ser humano. Algunos de los ejemplos más comunes en los que podemos encontrar la proporción 1,618 son tan sencillos y cercanos como asombrosos:

–         La relación entre la altura de un ser humano y la altura de su ombligo.

–         La relación entre la distancia del hombro a los dedos y del codo a los dedos.

–         La disposición de los pétalos de las flores.

–         La relación entre la planta, el techo y las columnas en el Partenón de Atenas.

–         La ubicación de los agujeros en la mayoría de los instrumentos de cuerda.

–         El canon de las proporciones humanas reflejado por Leonardo Da Vinci en El hombre de Vitruvio.

–         Las tarjetas de crédito o el carnet de identidad tienen las proporciones del rectángulo áureo.

Además de estos ejemplos aparentemente sencillos, el número fi presenta una gran cantidad de complejas particularidades que de alguna manera están en estrecha relación con la naturaleza misma de la realidad que nos rodea. Por eso, con independencia de su valor místico o religioso, φ es en sí mismo un número mágico que abre una espiral de interrogantes acerca de su origen y de su aplicación en el devenir de la Historia.

 

 

 

 

 

 

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