El negocio de la aviación

Azafata en un aviónCarlos Castañosa

El COPAC (Colegio Oficial de Pilotos de Aviación Comercial) exige a Fomento (07/07/2011) un mayor control sobre las escuelas de vuelo. Son negocios privados autorizados e inspeccionados por AESA (Agencia Estatal de Seguridad Aérea), perteneciente al Ministerio de Fomento.

La manida situación de crisis y la gestión de algunos centros, priorizando su economía sobre otros intereses éticos, como la correcta formación de los alumnos y el cumplimiento de los programas ofrecidos, ha supuesto el cuento de la lechera y el consecuente cierre, con lo que se han vulnerado los derechos de quienes con buena fe acudieron como clientes, pagaron por adelantado y se quedaron sin nada.

Junto a tan lamentables situaciones, florecen negocios relacionados con el mítico mundo de la aviación. Por lo general están auspiciados por algunos profesionales del medio que conocen sus peculiaridades y la forma de captar clientes mediante una publicidad atractiva y exageradamente capciosa. Se trata de algunas, repito, algunas, escuelas de azafatas que tanto proliferan últimamente en algunas capitales. Como la muestra suele presentarse con un solo botón, he aquí uno que puede servir como referencia al ciudadano poco informado, aun a riesgo de perjudicar el prestigio y buen

nombre de algun otro centro docente que opere bajo ese mismo título pero con una cierta deontología aquí ausente. Es una escuela de azafatas de vuelo instalada en La Laguna, cuya prioridad es el negocio a ultranza. Se propone un curso de cuatro meses (2000 €) en el que se estudiará catalán como idioma operativo. “¿Te preocupa el inglés? Tendrás un profesor especializado 2 veces por semana”. Para entrar, no se exige idioma, ni se hace test psicotécnico que defina un perfil adecuado al posterior acceso a un puesto de trabajo, ni una evaluación de conocimientos culturales, que son requisitos que cualquier empresa aeronáutica exige en entrevista personal a los aspirantes a ingreso. Una vez aceptados, es la propia compañía la que imparte los cursos de habilitación correspondientes al avión en el que van a trabajar (calificación de tipo, operación normal y procedimientos de emergencia, atención al cliente, salvamento etc…), sin necesidad de pasar previamente por una escuela como la aquí comentada, en la que se ofrece: “Simulación de entrevistas y te preparamos para que pases la selección de cualquier compañía aérea”. ¿Cómo se va a simular una entrevista sin un nivel mínimo de inglés cuando ni siquiera se cumple la insuficiente asistencia prometida del profesor nativo especializado en el idioma?

La captación incondicional de cualquier alumno con tal de que pague, indica la poca fiabilidad de lo ofrecido en una publicidad engañosa: “Prácticas en simulador de avión real (se realizan en Madrid, billete y estancia incluidos)”. Falso. Dichas prácticas se efectúan en una maqueta instalada en Las Chafiras (También figura en contrato que el centro es responsable del traslado, con los seguros pertinentes. Pues no; en la realidad cada alumno tiene que ir por sus propios medios). Del mismo modo, no se cumple el programa completo de conocimientos aeronáuticos para cumplimentar

el examen bajo la dirección y control de AESA. Consultado este organismo sobre las responsabilidades institucionales ante tanta anomalía, lavado de manos sin recato: Que la Agencia solo debe preocuparse del cumplimiento de la normativa europea en cuanto a contenidos, cuyo articulado ni siquiera contempla el inglés como requisito, contraviniendo la realidad empresarial. Así como los apuntes de conocimientos aeronáuticos, .obsoletos, sin actualizar, genéricos e inservibles, que cualquier técnico repudiaría y que de nada sirven a algún privilegiado alumno que llegase a ingresar en una empresa, que lo lograría igual sin haber pagado esos inútiles 2000 €. Que los temas comerciales no son asunto de dicho organismo. Cuestionable parece esta inhibición

funcional que deja en indefensión al ciudadano profano en la materia. ¿No es sintomático que no accedan a estos centros hijos o familiares de personal afecto al ámbito aeronáutico, conocedores por lo tanto de su especial idiosincrasia y del poco sentido práctico que ofrecen estos “emprendedores” poco recomendables?

 

Carlos Castañosa

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