‘El mundo según Barney’, la felicidad no estaba tan lejos

El mundo según BarneySi es cierto eso de que todos tenemos al menos una oportunidad en la vida para ser felices, Barney -un vividor alcohólico y egoísta- encarna a la perfección estos designios del destino. Es esta búsqueda de felicidad la que crea cierta empatía con un personaje protagonista que, en otras circunstancias, sólo produciría rechazo.

Las historias de un amor repentino que surge en las circunstancias más inesperadas no siempre tienen por qué ser historias dramáticas de personajes noños que avanzan y retroceden sin llegar nunca a coincidir. El mundo según Barney, sin ir más lejos, es una historia sobre cómo el amor puede hacer que una vida mezquina sea en cierto modo extraordinaria cuando el milagro de la rutina permite a su protagonista saborear las mieles de la felicidad. Una felicidad caduca porque, si no, no sería felicidad.

Barney aprende y desaprende constantemente, como si la experiencia de la vida sólo le dejara huellas en la piel, pero no en el corazón. A través de sus tres matrimonios se puede observar cierta evolución del personaje que no es más que la involución de un antihéroe decidido a complicarse la existencia cada vez que el Universo parece haber alcanzado cierto equilibrio.

La capacidad interpretativa de Paul Giamatti para dar vida a este personaje es la que salva a Barney de convertirse en un ser detestable para ser, simplemente, un niño-hombre perdido en un mundo de adultos, instruido por un padre muy peculiar y rodeado por un grupo de amigos inmaduros que siempre estarán dispuestos a traicionarle.

El director Richard J.Lewis se basa en la autobiografía de Mordecai Richler -cineasta y escritor canadiense de origen judio- para narrar una historia cualquiera en la que no hay interés de superación ni búsqueda personal sino un ‘enfermizo’ afán por ser feliz en el momento en que la vida te brinda esa oportunidad.

Sin embargo, la traducción del título original –Barney’s Version– no hace justicia a la subtrama de la película que sirve como detonante del flashback del protagonista y que nos invita a un recorrido por su trayectoria vital. Un trayecto sólo de ida que se nutre de recuerdos y que, paradójicamente, le conduce hacia el olvido. Tal vez lo más triste no sea no haber alcanzado nunca la felicidad sino olvidar que un día estuvo ahí.

 

Celina Ranz Santana

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