El monstruo de Ucrania

Anatoly OnoprienkoAnatoly Onoprienko sembró el pánico con una serie de brutales asesinatos en la década de los 90.

Más de dos mil investigadores de la policía, un regimiento militar y todo un dispositivo de seguimiento en marcha no solo para velar por la seguridad de la población sino para localizar al ladrón que asesinaba cruelmente a sus víctimas para que no hubiera testigos de sus robos.

Esto es lo que hizo falta para detener a Anatoly Onoprienko, más conocido como ‘el monstruo’ o ‘la bestia’ de Ucrania, por los 43 asesinatos cometidos en el país a mediados de la década de los 90 y en un corto período de tiempo: apenas seis meses. A esta cifra se le suman otras nueve víctimas asesinadas con anterioridad en 1989.

Familias enteras perdieron la vida en manos de Onoprienko que, aunque en la mayoría de las ocasiones actuaba solo, contaba con un socio para algunos de sus asaltos, el también ucraniano Sergei Rogozin.

Huérfano de madre y abandonado a los 4 años en un orfanato por su padre y por su hermano mayor, Onoprienko tuvo una infancia difícil, vinculada desde muy temprana edad al vandalismo como medio de supervivencia. A pesar de que tuvo trabajos como marinero y bombero dentro y fuera del país, el crimen se había convertido en la principal fuente de ingresos de Onoprienko. Crímenes a sangre fría y siguiendo siempre el mismo patrón: las mujeres y los niños morían acuchillados, mientras que a los hombres los mataba con un arma de fuego. Luego desvalijaba la casa y cortaba los dedos de sus víctimas para sacarles los anillos.

La detención de Onoprienko fue complicada, porque el ladrón y asesino en serie era meticuloso en su trabajo. Pero el cerco se fue cerrando sobre el apartamento que compartía con su novia, y cuando la policía se desplazó hasta allí y le exigió la documentación, éste intentó hacerse con un arma de fuego para escapar, motivo suficiente para su detención.

Durante su declaración ante las autoridades Onoprienko confesó que “mataba para robar” y reconoció que en sus manos habían perdido la vida 42 adultos y 10 niños. Los análisis médicos determinaron que el detenido era perfectamente consciente de sus actos, por lo que perdió fuerza la declaración que realizó en un momento dado de la investigación y en la que aseguraba escuchar voces de “dioses extraterrestres” que lo habían guiado durante sus crímenes y que tenía “poderes telepáticos”.

Su juicio fue uno de los más complejos de la historia de Ucrania y fue necesaria la intervención de centenares de testigos y especialistas. A punto estuvo incluso de violarse la moratoria de ejecución establecida en el país desde 1997. Finalmente, Onoprienko fue condenado a cadena perpetua. Con sorprendente sangre fría aseguró que “veía a sus víctimas de la misma manera que la bestia contempla a los corderos“.

 

 

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