El Marqués de Sade, entre el hombre y la leyenda

Marqués de Sade“Mi desgracia no es consecuencia de mi manera de pensar, sino de la de los demás”

Recibió desde pequeño una educación exquisita y su padre, el conde de Sade, se esforzó para que el pequeño Donatien Alphonse François -que terminaría ostentando el título de ‘marqués de Sade’- se relacionara con lo más destacado de la alta sociedad francesa. Con todo, la vida del polémico escritor no pudo mantenerse al margen de unos escándalos para los que los franceses del siglo XVIII no estaban preparados.

Su declarado amor por los vicios y su lucha contra la virtud provocaron que el marqués de Sade, que había nacido y vivido en la opulencia de una familia acomodada, tuviera problemas económicos durante gran parte de su vida. En este sentido, su padre ya había sido todo un referente en eso de dilapidar la fortuna familiar en fiestas y prostitutas. Los Sade parecían hombres sin límites, entregados al placer por el placer pero sin descuidar la parte intelectual de una existencia que debía de ser plena en todos los sentidos. Así pues, tanto padre como hijo fueron dos personas muy instruidas que a menudo se relacionaban con personajes influyentes en la cultura francesa de la época. Además, se dice de ellos que tenían un carácter impulsivo y romántico tan atrayente que no tardaban en convertirse en el centro de atención de todas las reuniones.

Con diez años, y tras pasar la infancia en un pueblo de la región de Provenza, el marqués de Sade ingresa en uno de los colegios jesuitas más destacados de París donde, además de comenzar su pasión por el teatro, entrará en contacto por primera vez con la fustigación -una práctica fomentada por los maestros de la época, junto a otros castigos corporales- y la sodomía -de la que ya existían sospechas sobre su práctica más o menos habitual entre alumnos y maestros del centro-. No es de extrañar que habiendo vivido esto desde niño, el marqués no dudara en plasmar escenas de este tipo en sus escritos posteriores.

Y hablando del marqués-escritor, hay que decir que sus primeras obras no se publicarían hasta después de que salga de su más largo encarcelamiento. Estuvo alistado en el Ejército durante varios años y participó activamente en la Guerra de los Siete Años, tras la cual se licenció y regresó a París, donde su padre ya le había preparado la boda con una joven poco agraciada pero de familia influyente llamada Renée-Pélagie.

Lo más destacado de este matrimonio fue, probablemente, la infinita paciencia de la joven para soportar los deslices y escándalos sexuales de su marido, que muy a menudo recurría a la prostitución como una vertiente más del ocio burgués, algo que, por otro lado, no difería mucho de lo que hacía el resto de la nobleza francesa. Pero en el caso del marqués de Sade habia ‘algo más’, algo por lo que este personaje ha pasado a la historia como la encarnación del vicio y de todos sus males -aunque es probable que este ‘mérito’ tenga mucho que ver también con las críticas vertidas y las historias inventadas y no únicamente con una realidad que, al parecer, sí que fue bastante polémica-.

En cualquier caso, el marqués se había vuelto ya todo un libertino y hacía alarde de ello sin ningún tapujo. Sus relaciones con prostitutas a las que al parecer agredió físicamente lo llevaron al calabozo en más de una ocasión, pero la guinda del pastel no vendría hasta la orgía que el marqués llevó a cabo en una casa de Marsella donde, junto a criados, amigos del vicio y un grupo de prostitutas, a punto estuvo de matar a las jóvenes tras intoxicarlas con una excesiva dosis de una sustancia afrodisíaca.

El marqués escapó a Italia perseguido por ésta y otras tantas denuncias y empezó su proyecto de escritura: un detallado relato de su viaje por el país. Pero también en Italia tuvo problemas como consecuencia de su carácter obsesivo con la seducción de mujeres y por algún que otro tema relacionado con estafas, e intenta regresar a Francia para asistir al funeral de su madre, que acababa de morir. Sin embargo, es apresado por la justicia italiana y conducido a Vincennes. El caso por el incidente de Marsella se reabre y el marqués termina en prisión.

Durante esta etapa escribe obsesivamente a su esposa, que todavía le apoya a pesar de todo lo sucedido. Serán los años más difíciles para el marqués, acostumbrado a la libertad y a hacer lo que le viene en gana. Al deterioro físico se le suma el deterioro mental con una nueva fijación con tintes psicóticos: los números. Y empiezan sus ‘delirios aritméticos’ acerca de la fecha exacta de su excarcelación. Permanece encarcelado durante siete años en Vincennes antes de ser trasladado a la Bastilla, donde años más tarde se convertirá en uno de los muchos presos liberados durante la Revolución. Es entonces cuando comienza su carrera literaria como dramaturgo.

Su esposa decide finalmente divorciarse de él, ya que ni siquiera los años de prisión han hecho que cambie demasiado la actitud del marqués. Pero en cierto modo, los escándalos del polémico personaje pasan a ser más una cuestión literaria que real. Y es que el marqués de Sade se dedicará a plasmar todas sus ‘aventuras’ y a hablar sin tapujos de situaciones que, a su juicio, estaban dentro de la normalidad, pero que la sociedad no compartía como obras ‘moralmente correctas’. Éste es el motivo por el que la calidad literaria de estos textos se ha visto eclipsada por la controversia de su contenido, su inadaptación a la época y, por supuesto, el rechazo de gran parte de la sociedad.

Puso sus dotes literarias al servicio de la Revolución, aunque es cierto que, en esencia, nunca dejó de ser un aristócrata. Pero supo amoldarse a los nuevos tiempos con bastante acierto ya que, de algún modo, aquél era también su estilo de vida: la defensa de las libertades individuales.

Sin embargo, sus propios camaradas no estaban convencidos de las verdaderas intenciones del marqués de Sade, dadas sus anteriores relaciones con la nobleza y teniendo en cuenta la cantidad de atrocidades y supuestos crímenes que existían en su haber. Finalmente, las nuevas acusaciones vertidas contra él en plena época del Terror de Robespierre lo transforman en un ‘enmigo de la Revolución’, por lo que es arrestado y conducido a la guillotina. Sin embargo, cuando ya era conducido a su destino final junto a otros condenados, fue misteriosamente liberado.

Tras haber visto tan de cerca la muerte, prefiere vivir lo que le queda alejado de la política y centrado en sus polémicos libros, pero en condiciones económicas que poco tienen que ver con su vida pasada. Pero el escritor es nuevamente detenido por sus escandalosos textos y es encerrado sin juicio. Gracias a la intervención de su familia podrá pasar los últimos años de su vida en el manicomio de Charenton, donde ingresa con el diagnóstico de “demencia libertina” y en el que permanecerá encerrado hasta su muerte el 2 de diciembre de 1814. El marqués de Sade había pasado más de treinta años encerrado en cárceles y manicomios y había escapado airoso de las listas de la guillotina. Pero lo que nunca pudo superar fue la presión de la opinión pública acerca de sus obras y de un particular estilo de vida que, según parece, tuvo tanto de romántico como de cruel.

 

 

 

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