El manicomio del Doctor Guija

Casa del Dr. GuijaPrimero el secretismo y después el abandono convirtieron un psiquiátrico de Sevilla en una casa de los horrores.

A mediados del siglo XX, el Doctor Eduardo Guija adquirió un emblemático inmueble situado en la avenida sevillana de la Cruz del Campo y el 9 de febrero de 1957 el lugar comenzó a funcionar como institución psiquiátrica, momento en el que daría comienzo la leyenda negra que ha rodeado al edificio hasta la fecha.

Eduardo Guija era un afamado psiquiatra, pero es probable que la sociedad sevillana de la época no estuviera preparada para entender el secretismo con el que se desarrollaba la actividad de su clínica. Como en cualquier otra disciplina médica, Guija era muy cauto en sus relaciones con los pacientes y a la hora de mantener el secreto profesional, sobre todo porque el tratamiento de las enfermedades mentales es un área que sirve de caldo de cultivo para las especulaciones populares. No se tardó en extender la idea de que en la clínica del Doctor Guija se utilizaba métodos médicos poco convencionales y que se cometían verdaderas atrocidades con algunos de los pacientes que acudían a su consulta.

Con todo, la institución estuvo en funcionamiento durante casi 20 años e incluso cuando Eduardo Guija falleció, fue su hijo el que se hizo cargo del psiquiátrico hasta su cierre definitivo a finales de la década de los 70.

Ya en la década de los 80 el inmueble fue vendido a un empresario del sector hostelero que lo reconvirtió en un restaurante, pero la suerte no estuvo nunca de lado de quienes intentaron comprar o arrendar la casa. Así que tras varios intentos de reconvertir ese espacio, fue el Ayuntamiento de Sevilla el que adquirió el local para luego abandonarlo a su suerte.

Este abandono hizo que la leyenda persistiera y que muchos de ellos buscaran en ella el tenebroso romanticismo de las casas encantadas. Sobre ésta en concreto pesan numerosas historias un tanto oscuras, como que algunos de los pacientes del Dr. Guija fueron enterrados en los propios jardines de la institución, o que los fantasmas de los enfermos torturados aún vagaban por las estancias de la casa.

Con la rehabilitación acometida en el edificio y la renovación de su aspecto -que aunque mantiene las líneas originales, ha sido totalmente restaurado- estas leyendas que hablan de sucesos paranormales e historias tenebrosas han ido cayendo en el olvido.

 

 

El Ilustrador

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