El lenguaje de la alquimia

Documento alquimiaToda la ciencia del Universo se concentraba en cuatro elementos naturales: tierra, aire, fuego y agua. Ésta era la base para la fabricación de un quinto elemento, capaz de potenciar la propiedades de todos los demás. Pero acceder a este conocimiento no era sólo una cuestión de ciencia sino de fe.

Siempre se ha destacado el carácter hermético de esta protociencia, a caballo entre múltiples disciplinas y al limite entre lo científico y lo esotérico, lo filosófico y lo religioso. Una práctica muy popular rodeada de mitos y potenciada en gran medida por el secretismo de los conocimientos adquiridos por quienes decidieron estudiarla. Sin embargo, no hay que olvidar que personajes tan importantes como Newton o Boyle también llevaron a cabo algunas investigaciones en el estudio de las ‘bases elementales’, por lo que la alquimia no ha sido sólo cosa de ‘magos’ locos y charlatanes, un percepción muy extendida en las sociedades modernas.

Se cree que la alquimia se viene practicando desde las civilizaciones mesopotámicas, y que primero los griegos y luego los romanos, continuaron con estos estudios, al margen de lo que ya se estaba desarrollando también en tierras islámicas.

En Europa vivió su máximo esplendor durante la Edad Media. Para entonces, la alquimia ya había adquirido tintes de corriente esotérica que, unida a los precedentes filosóficos de esta disciplina, se dedicó a dar una nueva versión de los elementos esenciales que componían el mundo. Los alquimistas se formaban durante muchos años en diferentes áreas del conocimiento: la astronomía, la medicina, la física y la química… Y aderezaban todo estos con ciertas dosis de misticismo con el que elaborar una especie de ‘código secreto’ en el registro de los conocimientos alcanzados.

Lo cierto es que al no existir un lenguaje concreto para explicar estos ‘descubrimientos’, los alquimistas no dudaron en recurrir a la simbología del esoterismo para guardar con recelo sus avances.

Entre los usos más conocidos de la alquimia, se destacan estos dos: por un lado, la trasmutación de metales vulgares en metales preciosos y por otro, la búsqueda de una sustancia capaz de curar todas las enfermedades y que permitiera alcanzar la inmortalidad. La piedra filosofal -el elemento capaz de conseguir esas trasmutaciones- y el elixir de la vida, fueron un objeto muy codiciado durante varios siglos, y en su búsqueda se invirtió mucho esfuerzo y, por su puesto, mucho dinero.

En este sentido, dentro de esta búsqueda esotérica de soluciones, no hay duda de que gracias a la inversiones que se realizaron en este ámbito, se logró que el instrumental de laboratorio evolucionara mucho durante estas investigaciones y este material favoreció al desarrollo de estudios posteriores en disciplinas estrictamente científicas.

Menos accesibles, sin embargo, han sido los documentos encontrados acerca de las investigaciones en el ámbito de la alquimia, al tratarse de textos encriptados para que sólo los más avanzados en este ‘arte’ tuvieran capacidad de interpretarlos. Y es que, según muchos estudiosos, los alquimistas a menudo se referían a elementos que ni siquiera se correspondían con realidades físicas, sino que hablaban de ellos en sentido metafórico. Se cree incluso que la ansiada ‘piedra filosofal’ no era un objeto, sino el perfeccionamiento espiritual de quien dedicaba su vida a esta búsqueda.

Pero no todo el mundo estaba preparado para adquirir estos conocimientos y para aplicarlos con responsabilidad. Por eso el lenguaje de los alquimistas es un lenguaje que pretende ‘despistar’ a los incautos y disuadirlos de adentrarse en el camino de la ‘Gran Obra’, que podía ser tan poderosa como destructiva.

 

 

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