‘El lado bueno de las cosas’

El lado bueno de las cosas

La vida también es delirio.

El que no esté un poco loco, que tire la primera piedra. A pesar de que el protagonista de la película, Bradley Cooper –El ladrón de palabras, Sin límites– es el único que ha pasado una temporada en una institución mental por agredir al amante de su mujer, lo cierto es que la mayoría de los personajes que habitan esta historia tiene motivos suficientes para ser objeto de psicoanálisis.

El lado bueno de las cosas es un alegato al delirio de vivir con todas esas manías, frustraciones y problemas que han pasado a formar parte del día a día. La ‘locura’ de sus protagonistas no es más que una compleja canalización de sentimientos que para la mayoría de las personas se instalan en lo rutinario pero que, tal vez en los individuos más sensibles, avanzan por otros cauces, fermentando bajo la piel y transformándose en una respuesta impulsiva y rebelde que no se ajusta a los límites de lo políticamente correcto.

Tras varios meses en una institución mental por agredir al amante de su mujer, el protagonista de El lado bueno de las cosas se propone recomponer su vida y recuperar a la mujer que ama. La ‘actitud optimista’ con la que insiste en enfrentarse al mundo termina convirtiéndose en una nueva obsesión con la que va contagiando a todo su entorno, y no precisamente con los mejores resultados. A pesar de que insiste en que el triunfo solo depende de su empeño, tendrá que cruzarse en su camino el estrafalario personaje de una vecina del barrio, en una situación probablemente más complicada que la suya, para entender que a veces necesitamos a alguien más en el camino y que, en ocasiones, ese camino ni siquiera conduce adonde habíamos pensado llegar.

David O.Russell –The fighter, Extrañas coincidencias-, dirige a un elenco de personajes que parece tener muy claro cuáles son sus objetivos: ganar apuestas deportivas, reconquistar al amor perdido o participar en un concurso de baile. Pero la consecución de estos proyectos no va a hacer que se conviertan en las personas que realmente quieren ser. Es en el proceso y en las intersecciones de todos estos caminos cuando realmente experimentarán la transformación. Un cambio positivo no solo porque la película quiera cumplir con los cánones de la comedia romántica, sino porque el mensaje optimista que pretende transmitir es el de que todos merecemos una segunda oportunidad.

El atrapante personaje de una inestable Jennifer Lawrence –Los juegos del hambre– y un maniático y supersticioso De Niro –Luces rojas– acompañan a Cooper en esta búsqueda de “el lado bueno de las cosas”, una historia inspirada en la novela The Silver Linings Playbook -que comparte el mismo título en inglés que la película-, escrita por el autor norteamericano Matthew Quick.

 

 

Celina Ranz Santana

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