El Karma: la ley natural de causa y efecto

KarmaLos dramas humanos están supeditados a una fuerza superior en la que nuestros actos pasados determinan nuestros logros futuros.

En las principales religiones dhármicas –budismo, hinduismo…- se contempla la existencia de una ley natural que condiciona nuestras futuras reencarnaciones en función de cómo hayamos obrado en nuestras vidas anteriores.

Nuestros actos, buenos y malos, serían tenidos en cuenta por esta fuerza natural que funciona por una sencilla ley de causa-efecto y que tiende a equilibrar todas las acciones que llevamos a cabo. Así, el karma establece que por cada acto negativo debemos hacer uno positivo para compensar esa fuerza, siendo el perdón uno de los principios básicos para que el Universo –el exterior y el interior de cada persona- recupere el equilibrio que necesita para sentir la plenitud de una vida feliz.

En este sentido, el karma comparte algunos aspectos con otras religiones como el judaísmo o el cristianismo que, sin creer en la resurrección del cuerpo, sí predica la necesidad de hacer lo correcto en tanto que tendremos que rendir cuentas ante una ‘justicia divina’ que en el caso del karma no es tanto la ley celestial como la propia ley de la Naturaleza, un concepto que no está asociado a ningún dios. Además, no se trata de una ley ‘vengativa’, sino de algo mucho más benevolente y, en cierto modo, compensatorio: se aplica para el propio bien del individuo, para que mejore y siga progresando en sus reencarnaciones.

Encontrar este equilibrio que, para bien o para mal, acompaña al individuo en cada una de sus nuevas vidas, es imprescindible para evitar el sufrimiento y encontrar la sabiduría, uno de los caminos del conocimiento que conducen a la plenitud del alma y, por consiguiente, a la felicidad.

 

 

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