El inmortal conde de Saint-Germain

El conde de Saint-GermainUna leyenda urbana del siglo XVIII.

No se conocen demasiados datos acerca de la procedencia de este misterioso personaje que, según cuenta la leyenda, consiguió hacerse con el secreto de la vida eterna. Sobre su nacionalidad se ha dicho de todo: que llegó desde Holanda, que vivía en Viena y frecuentaba eventos de mucha categoría, que había estado realizando misiones políticas por Alemania e Inglaterra… El caso es que, fuera como fuera, el conde de Saint-Germain llegó a París como invitado del mariscal francés de Belle Isle, que tras ser herido en campaña había recibido en Viena los cuidados del conde y, gracias a ellos, había logrado escapar de la muerte. Como agradecimiento, el mariscal invitó al conde a París y le facilitó un laboratorio completamente equipado en el que poder seguir adelante con sus investigaciones.

La leyenda del conde de Saint-Germain se forja a mediados del siglo XVIII, cuando comienza sus andaduras por tierras parisinas, tras ser introducido por madame de Pompadour en la corte de Luis XV. Aunque al parecer ya había adquirido cierta fama por su aspecto inquietante: vestía siempre de negro, llevaba diamantes en los bolsillos -que utilizaba en lugar de dinero-, poseía unos modales exquisitos y una educación envidiable en el mundo de las artes y la ciencias, incluidas las ciencias ocultas. Además, hablaba seis idiomas y conocía rincones del mundo en los que muy pocas personas habían estado.

No es de extrañar que toda la historia generada alrededor del conde de Saint-Germain levantara tanta expectación. En los ambientes de moda franceses empezaron a circular rumores acerca de la procedencia y edad del conde: todas estas historias coincidían en el hecho de que el conde de Saint-Germain era una persona centenaria que había descubierto el secreto de la inmortalidad, quién sabe si a través de sus conocimientos en el ámbito de lo paranormal, a través de la alquimia o mediante un pacto demoníaco. El conde fue enviado a diversas misiones diplomáticas por Europa -algunas como espía, por lo que estuvo en la cárcel- que hicieron que su fama y su leyenda se extendieran por el continente. Por sus ideas firmemente anticlericales, se le relacionó con varias logias masónicas, lo que le obligó a cambiar de ciudad en numerosas ocasiones. Advirtiendo que no tardaría en estallar la Revolución en Francia, advirtió a Luis XVI y a María Antonieta del peligro que se avecinaba y partió rumbo a Alemania, donde fue acogido en la corte del príncipe Carlos de Hesse-Cassel en Eckenförde.

En la residencia del monarca habría de morir el 27 de febrero de 1784 según los documentos oficiales y tal como reza la inscripción de un monumento funerario que se levantó en su honor: “Aquel que se hacía llamar conde de Saint-Germain y Welldone, y del que no hay otras informaciones, ha sido enterrado en esta iglesia”. Sin embargo, durante varias décadas después de su muerte, el conde se estuvo paseando por diversas ciudades europeas, y han sido numerosos historiadores los que aseguran haberse topado con él, que conserva siempre el mismo aspecto, en torno a los 40 años de edad. Se llegó a decir que el conde inmortal había llegado a conocer a Jesús de Nazaret, había facilitado a Colón las cartas de navegación necesarias para llegar al Nuevo Mundo y había participado activamente en la Revolución Francesa y en la Guerra de la Independencia americana

La leyenda del conde de Saint-Germain ha hecho que muchos personajes a lo largo de la historia se presenten bajo este título. Algunos de los más recientes, el de Richard Chanfray en la década de los 70 del siglo XX: un hombre surgido de la nada que se hizo famoso por sus predicciones y por convertir el plomo en oro durante una entrevista en directo, sin trucos aparentes. Aunque, en este caso, el supuesto conde se suicidó en el interior de un coche junto a la baronesa de Trintignan tras ingerir una gran cantidad de barbitúricos e inhalar gases tóxicos.

 

 

 

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