El huracán Sandy puso al descubierto un posible asesinato ocurrido en 1919

William H. Sumner El capitán de una goleta apareció muerto en su camarote después de un supuesto naufragio.

La goleta de tres mástiles William H. Sumner volvió a convertirse en noticia en 2011, casi un siglo después de su desaparición.  A finales de septiembre de 1919, la embarcación, que cubría la ruta entre San Juan de Puerto Rico y Nueva York con un cargamento de fertilizantes y madera, encalló a menos de un kilómetro de la playa de Surf City, en Carolina del Norte.

Solo un hombre, Lancey, el primer oficial de la goleta, desembarcó a la mañana siguiente para comunicar que el capitán Robert E. Cochrane –de tan solo 24 años de edad- se había perdido y había ordenado navegar muy cerca de la costa, lo que provocó que la embarcación quedara encallada en un banco de arena. Culpable por lo sucedido, Cochrane se había pegado un tiro en la cabeza.

Pero cuando el forense llegó a la goleta y examinó el cuerpo del cadáver, la versión del primer oficial perdió credibilidad: Cochrane llevaba muerto más tiempo de lo que su compañerp aseguraba en su versión y no había restos de pólvora en su mano o en su sien, por lo que él no disparó el arma. Los siete hombres de la tripulación fueron detenidos acusados de asesinato, pero todos mantuvieron la misma versión que la del primer oficial. Pero tres largas jornadas de interrogatorio hicieron mermar la determinación de algunos de los tripulantes, que modificaron sus declaraciones asegurando que la culpa había sido de Lancey, una persona agresiva y violenta que días antes del suceso había tratado de amotinarlos sin éxito. Justo después, el capitán aparecía muerto.

Con todo, Lancey fue absuelto en el juicio, pero abandonó Carolina del Norte apenas unas horas después del veredicto. La goleta desapareció como consecuencia de aquel falso naufragio, pero el huracán Sandy la devolvió a la costa en 2011 y con ella reaparecieron los fantasmas que aún rodean un caso en el que ya no queda vivo ninguno de sus protagonistas. La muerte de Cochrane sigue siendo un misterio.

 

 

El Ilustrador

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